Unidad de transporte público sin placas con diez pasajeros, se quedó sin frenos en plena bajada del paseo Ashland, recién salido de la terminal en la ex Estación, un camión que se dirigía a Villaseca en el sur de la ciudad comenzó a balancearse convirtiéndose en una licuadora gigante hasta que se rompió el eje trasero al mismo tiempo que se atoró con un pequeño muro en la banqueta.
Por segundos interminables, los pasajeros llenos de terror fueron lanzados de un lado a otro de la unidad, mientras el conductor hacía hasta lo imposible, por evitar, que el camión causará una tragedia mayor, sus esfuerzos por frenar con las velocidades, tronaron el eje de la parte trasera, pero evitaron que se convirtiera en un proyectil hacia la transitada Avenida Prolongación Miguel Hidalgo.
También hay que decir, que, gracias a sus maniobras al mando del volante, fue que la unidad no se volcó, hacia uno de los lados del empinado camino, logrando con ello, que los daños a los pasajeros del autobús no fueran más graves.
Por increíble que parezca, la mayoría de los afectados, decidió abandonar el lugar para continuar con sus actividades, aunque seguramente en estos momentos, una vez pasada la adrenalina, seguramente notarán los intensos golpes recibidos durante el accidente, y era necesario que la compañía concesionaria del transporte tenía que hacerse cargo de los daños sufridos en el percance.
Dos pasajeros en cambio, después de esperar horas la llegada del seguro o una atención médica, como se les prometió iba a suceder, decidieron acudir por sus propios medios a las oficinas del Ministerio Público, para levantar una demanda, por los daños sufridos, durante el incidente, ocasionado por el mal estado y antigüedad, característico del transporte en nuestra ciudad, sin embargo, a la salida de las oficinas, compartieron la amarga experiencia en donde después de tantas horas se les conminaba a desistir de la denuncia.