Los problemas de suministro de gasolina se agravan en Estados Unidos tras el ciberataque al gran oleoducto de la empresa Colonial, una de las grandes arterias energéticas de Estados Unidos.

El gobierno intentó ocultar, luego minimizó los hechos, y, ahora, la Casa Blanca ha tenido que aceptar que un atentado de esta naturaleza es contra la seguridad nacional y relaja los requisitos del transporte de combustible para evitar la escasez en la costa este.

El ciberataque ha desatado el miedo a la escasez de gasolina y ha obligado al Gobierno a tomar medidas para garantizar el suministro y frenar la doble escalada, la del pánico y la de precios.

Tras el cierre de la infraestructura, decidido por la empresa para evitar la propagación del ataque informático del viernes, miles de estadounidenses han corrido a asegurar provisiones, lo que se ha traducido en largas colas en gasolineras de varias ciudades.

La crisis se intensificó este miércoles y casi 1,800 estaciones de servicio se quedaron sin gasolina en Alabama, Georgia, Florida, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Maryland y Virginia, según los datos de la tecnológica GasBuddy.

Como en una profecía autocumplida, el temor a la carestía disparó la demanda y dejó a varias estaciones de servicio del sureste del país sin gasolina, lo que ha llevado a estados como Georgia y Florida a declarar el estado de emergencia para poder activar medidas especiales.

La infraestructura atacada recorre más de 8,850 kilómetros entre Texas y Nueva York y transporta cada día 2.5 millones de barriles de gasolina, diésel y combustible de aviación, lo que representa el 45% del suministro de toda la costa Este. La crisis también puede causar problemas a las compañías aéreas. American Airlines anunció que añadía algunas paradas en ciertos vuelos para que recarguen.

La Administración de Joe Biden ha tratado de llamar a la calma, asegurando que no hay que temer por un déficit de combustible, si bien sí admite problemas con el suministro.

El ataque ha exhibido la fragilidad de la red energética Estados Unidos ante los ataques ransomware, es decir, de programas maliciosos que encriptan y bloquean la información hasta cobrar el rescate. El FBI ha achacado la acción a DarkSide, un grupo criminal dedicado a este tipo de extorsión del que se tiene pista desde 2020. La crisis ha puesto a la Administración de Biden ante la necesidad de dar respuestas de corto y largo plazo, es decir, medidas para solventar el problema inmediato y un plan de acción que proteja al país ante un tipo de ataques cada vez más común.

Durante 2019, los mexicanos nos enfrentamos a una situación similar, cuando con la bandera de la lucha contra el huachicol, hubo escasez de gasolina en varios estados. Aunque, ciertamente, versiones extraoficiales hablaban de un ciberataque por no pagar las licencias de los softwares de seguridad, incluso hubo quienes aseguraban que la escasez se debía a una amenaza cumplida del líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, a López Obrador.

Estados Unidos pasa por el mismo calvario, sin embargo, las cosas se pueden poner peor, cuando la desesperación y la falta de sentido común han llevado a ciudadanos inconscientes a transportar gasolina en bolsas de plástico, que están impregnadas de electricidad estática. Encima, las guardan en las cajuelas de los autos, un escenario espantoso donde nomás falta que el conductor decida encender un cigarro mientras conduce.

 

Deneck Inzunza.

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