Una anomalía magnética, otra vez, las condiciones climáticas de lluvias atípicas y los sismos, han tomado por sorpresa a la sociedad guanajuatense, tan acostumbrada a ver estos fenómenos en otros lugares del país y ahora se viven en carne propia.

Los anterior se demuestra con la desorganización de una sociedad que ya no supo qué hacer ni cómo, situación que vemos en Abasolo, donde las inundaciones han desplazado a decenas de familias que se han quedado sin nada, y que se quedaron solas y abandonadas por los gobiernos municipal, estatal y federal.

No obstante la presencia del ejército con el Plan DNIII, la sociedad, aparte de no estar acostumbrada a organizarse ante estas contingencias, se ha mostrado paternalista, alegando que el gobierno les apoye desde un punto de inacción por desconocimiento. Saben más estirar la mano que organizarse para remediar lo que el gobierno no hace.

Le pongo un ejemplo. Cada que tiembla en la Ciudad de México, los habitantes ya saben qué hacer y cómo hacerlo, están acostumbrados a vivir en ese umbral del desastre que puede suceder en cualquier momento y ya nadie se asombra de ver que en algunos temblores la gente sale hasta en calzones a las calles.

Los habitantes de zonas de inundaciones frecuentes también ya tienen la cultura de recurrir de inmediato a los albergues situados en partes más altas.

Pero en Abasolo no hay esa cultura de protección civil, y ante tal desesperación de perderlo todo, andan con la mente cegada y la falta de costumbre les impide organizarse. No se ponen las pilas ni para hacer filas para la entrega de ayuda, viven ese estado zombie de la desgracia que cayó sobre ellos, el shock post traumático, pero de aquí para adelante deben crearse su propia cultura de protección civil ante las inundaciones, así como le tocó a los habitantes de la Ciudad de México por los temblores y les va a tocar a los pobladores de San Felipe y zonas aledañas ya irse armando su manual ante la eventual zona sísmica en que se ha convertido.

Ya nos llegó el tiempo en que la tierra bajo nuestros pies y las lluvias sobre nuestras cabezas nos vuelvan solidarios y organizados, parece ser que Guanajuato no será el mismo por el acomodo de placas tectónicas y el cambio climático con lluvias que se vuelven extremas.

Deneck Inzunza.

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