Tradiciones
La cajeta de San Juan: un dulce que encanta en Guanajuato
La cajeta de San Juan de los Lagos tiene su origen en un contexto histórico marcado por la vida rural y las rutas de peregrinación que, desde la época colonial, dieron forma a la identidad del occidente de México.
Su nacimiento está ligado a la introducción del ganado caprino y bovino por los españoles durante el siglo XVI, cuando la región de Los Altos de Jalisco comenzó a consolidarse como una importante zona ganadera. La abundancia de leche llevó a las comunidades locales a desarrollar métodos para aprovecharla y conservarla, dando lugar a diversos dulces elaborados mediante la cocción prolongada, entre ellos la cajeta.
Desde sus inicios, la cajeta fue un producto de carácter doméstico: se elaboraba en cocinas familiares como una forma de conservar la leche por más tiempo, utilizando azúcar o piloncillo y un proceso lento que requería paciencia y conocimiento. Este método permitió obtener un dulce resistente al paso de los días, ideal para transportarse sin descomponerse, una característica que resultaría clave en su posterior difusión.
La evolución de la cajeta de San Juan de los Lagos está estrechamente relacionada con el crecimiento de las peregrinaciones al santuario de la Virgen de San Juan, cuya devoción se afianzó a partir del siglo XVII.
A medida que miles de fieles comenzaron a llegar cada año, el poblado se transformó en un punto de intercambio cultural y comercial. Los habitantes locales vieron en la cajeta una oportunidad para ofrecer a los peregrinos un alimento energético y duradero, adecuado para los largos trayectos de regreso.
Con el paso del tiempo, la venta de cajeta dejó de ser una actividad ocasional y se convirtió en una tradición económica familiar. Durante los siglos XVIII y XIX, su presencia se volvió habitual en las inmediaciones del santuario y en los caminos que conducían a la ciudad. La cajeta comenzó a identificarse no solo como un dulce, sino como un recuerdo del viaje, un objeto cargado de simbolismo religioso y afectivo.

Entonces las peregrinaciones jugaron un papel fundamental en la difusión del producto al llevar cajeta a sus lugares de origen, los peregrinos contribuyeron a darla a conocer en distintas regiones del país, asociándola directamente con San Juan de los Lagos. Así, el dulce trascendió su función alimentaria y se integró al imaginario colectivo como parte inseparable de la experiencia de fe.
En la actualidad, la cajeta de San Juan de los Lagos sigue siendo un referente de su historia y tradición. Aunque su producción se ha adaptado a nuevas formas de comercialización, conserva el valor simbólico que le otorgaron siglos de peregrinaciones.
Ciudad
El contenedor de Pastita, rebasado: basura expone la ineficiencia en Guanajuato capital.
La saturación de basura en Guanajuato capital vuelve a encender las críticas, esta vez en el contenedor ubicado en la zona de Pastita, donde los desechos ya no caben y terminan desbordándose hacia la vía pública. Vecinos señalan que la acumulación es constante, generando malos olores, presencia de fauna nociva y una imagen urbana que dista mucho de la ciudad que se presume al turismo.
El problema, lejos de ser un caso aislado, evidencia fallas en la frecuencia de recolección y en la planeación del servicio. Habitantes aseguran que el contenedor permanece lleno durante días, obligando a las personas a dejar la basura fuera, lo que agrava aún más la situación. Mientras tanto, la respuesta de las autoridades sigue siendo insuficiente ante un problema que ya es recurrente.

Más allá del impacto visual, el desbordamiento del contenedor en Pastita representa un riesgo sanitario que no puede seguir ignorándose. La inconformidad crece entre los ciudadanos, quienes cuestionan hasta cuándo se permitirá que puntos clave de la ciudad se conviertan en focos de contaminación. Guanajuato capital enfrenta así una realidad incómoda: la basura ya no se puede ocultar.
Clima
Del esplendor al abandono: el Cine Guanajuato se apaga entre grafiti y olvido.
El emblemático Cine Guanajuato, ubicado en la Subida de los Hospitales en pleno corazón de la capital, fue durante décadas un punto de encuentro cultural para generaciones de guanajuatenses. Construido en la década de 1940, este recinto llegó a ser uno de los principales espacios de exhibición cinematográfica en la ciudad, en una época donde asistir al cine era una tradición familiar y social. Incluso, se le recuerda como uno de los pocos cines comerciales que existieron en Guanajuato capital durante el siglo pasado.




Sin embargo, el paso del tiempo, los cambios en la industria del entretenimiento y la competencia con complejos modernos provocaron su declive. Aunque en distintos momentos intentó reabrir bajo nuevas administraciones, finalmente cerró sus puertas de manera definitiva alrededor del año 2020. Desde entonces, el inmueble ha quedado en el abandono, convirtiéndose en un espacio invadido por basura, vandalismo y deterioro estructural, donde incluso se han registrado incendios y ocupaciones irregulares en su interior.
Hoy, la imagen del antiguo Cine Guanajuato contrasta con su historia: muros rayados, ventanas protegidas con rejas y un entorno que refleja el descuido urbano. Lo que alguna vez fue un símbolo de cultura y entretenimiento, ahora representa un llamado urgente a la conservación del patrimonio histórico de la ciudad. Vecinos y ciudadanos han señalado que su estado actual no solo afecta la imagen del centro histórico, sino que también representa un riesgo, mientras la memoria de sus años dorados se desvanece entre el abandono.
Ciudad
Bajo la subterránea, historia que pocos ven: el puente oculto del Jardín Unión.
Debajo de la vialidad subterránea que atraviesa el centro de Guanajuato, a la altura del emblemático Jardín Unión, se encuentra una pieza histórica que pasa desapercibida para la mayoría: el antiguo Puente de San Diego o de San Pedro de Alcántara, cuya placa indica que fue reedificado en 1761. Este vestigio colonial permanece oculto entre muros de piedra y túneles que hoy forman parte de la famosa red subterránea de la ciudad, construida sobre lo que alguna vez fue el cauce del río Guanajuato.




En su origen, el puente cumplía una función clave al permitir el tránsito sobre el río, en una zona que con el tiempo se convertiría en uno de los puntos más concurridos del centro. Con las obras de entubamiento del río y la creación de las vialidades subterráneas en el siglo XX, el puente dejó de estar a cielo abierto y quedó integrado al sistema de túneles, transformándose en un elemento casi invisible para quienes circulan por encima, entre cafés, música y turismo.
Hoy, este rincón histórico plantea un contraste interesante entre modernidad y pasado. Mientras el Jardín Unión concentra la vida cultural y social de la ciudad, unos metros abajo descansa esta estructura que recuerda el origen hidráulico y urbano de Guanajuato. Especialistas y ciudadanos coinciden en que estos espacios deberían ser mejor señalizados y preservados, ya que representan una oportunidad única para difundir la historia viva que literalmente sostiene a la ciudad.
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