Conozca el taller de don Pablo Aguilera Yebra en el camino a ex hacienda Duran, quien nos hizo una extraordinaria demostración del arte que encierran sus manos, que con un par de sencillas herramientas como la “caña”, una pequeña lámina, con la que da forma a sus figuras que aparecen como magia ante nuestros ojos, para después ser separados de la pella de barro con un sencillo hilo de algodón.
En su taller, encontramos cientos de platitos de barro, que esperaban ser llevados a secar al sol, pero al ser época de lluvias nos dijo, el ritmo de su trabajo tiene que reducirse al no contar con mucho espacio para almacenar los productos que con velocidad inusitada, pudimos comprobar, salen de sus manos, calculo que podría hacer alrededor de 500 piezas pequeñas al día.
Especializado en juguetes de barro, como nos demostró, de sus manos salieron media docena de figuras como, macetas, cazuelitas, la famosa ollita “tamarinda”, cantaros, cahuameros y cuberos. Lo triste, nos cuenta, es que este oficio, que el aprendió de su papá, que al dejar la minería se busco una forma de subsistencia y al entrar al negocio se empezó a especializar de forma autodidacta.
Este conocimiento se lo heredo a tres de sus hijos, que al día de hoy, sólo 2 continúan siendo de los más reconocidos alfareros. Don Pablo nos comenta con nostalgia, que sus hijos, también se resistieron a seguir la tradición familiar, al preferir trabajar de albañiles y otros empleos, en lugar de inclinarse por un difícil camino, dadas las complicaciones de este producto en el mercado moderno.
A unas cuadras de su taller, se encuentra abandonado un terreno que albergó otro taller de alfarería, que según cuentan vecinos, a casusa de la pandemia, es que se le acabaron los pedidos al dueño por lo que tuvo que abandonar el lugar, con lo que advertimos que ya son menos los artistas que se encaminan por la senda de un arte, que hay que decirlo lleva la marca de Guanajuato.

despirta guanjuato