Además del tlacuache gris que normalmente nos visita para buscar refugio y alimentarse de insectos que nos perjudican, últimamente los capitalinos hemos podido apreciar al tlacuache negro, que es más común en el sur centro sur del continente, es decir, Venezuela, Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, sin embargo, no es tan raro en México, sólo que más escaso.

El primer reporte llegó desde la Yerbabuena, donde avisan de la presencia de estos animalitos para que la gente no los ataque, que el tlacuache no es agresivo, no ataca al ser humano, sólo busca refugio, agua y comida en forma de alacranes, arañas, cucarachas, mosquitos, escarabajos, y otros más que nos pueden ocasionar algún daño o infestación. El tlacuache regula, equilibra las poblaciones de insectos. Si ve a uno cerca, le conviene, déjelo seguir con su vida y camino. Si de plano le da cosita tenerlo cerca, comuníquese con Protección Civil o la Policía Ambiental para que vayan por él y lo regresen a lo poco que queda de su hábitat.

Normalmente se aleja de asentamientos humanos, sin embargo, la sequía y los incendios forestales los obligan a buscar agua y alimento fuera de su territorio, el que, por cierto, le hemos quitado nosotros, el ser humano urbanizado.

A este tlacuache también se le conoce como filandro negro, o tlacuache cuatrojos negro. Al igual que sus primos grises, es un marsupial, el único marsupial mexicano. Sus crías se desarrollan en su vientre y al nacer se incorporan a una bolsa, llamado marsupio (como la de sus primos lejanos los canguros), luego escalan sobre el cuerpo de la hembra, donde van aprendiendo a ser tlacuachitos.

Ahora que sabe que son animales inofensivos y a la vez ofrecen un equilibrio ecológico de plagas dañinas para el ser humano, téngalo en cuenta, no los maltrate, no los violente, se van solitos, son animales salvajes e independientes que incluso no pueden ser mascotas, déjelos seguir su camino o llame a las autoridades.

Y si usted es conductor, no la friegue y déjelos cruzar la carretera, qué necesidad hay de andarlos atropellando, agarre la onda de que seguro llevan comida para sus tlacuachitos y usted en modo cafre los deja huérfanos. Por su propio bien, reduzca la velocidad y no ande atropellando fauna indefensa ante su carrazo.

Deneck Inzunza.

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