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Guanajuato Capital

Aumenta la violencia contra estudiantes en Guanajuato: siete alumnos asaltados a mano armada en Callejón del Refugio

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La inseguridad en Guanajuato sigue siendo una de las principales preocupaciones de la comunidad estudiantil. La noche del pasado 27 de marzo, siete alumnos de la Universidad de Guanajuato fueron asaltados a mano armada en el Callejón del Refugio, una de las muchas zonas del centro histórico donde la violencia se ha convertido en parte del día a día para quienes viven y transitan por ahí.

Este hecho desató la indignación no solo entre los estudiantes, sino también entre los vecinos de la zona quienes han denunciado en múltiples ocasiones el aumento de robos y asaltos.

Las imágenes captadas por vecinos muestran el momento exacto del asalto. En el video, se observa a un grupo de jóvenes, al parecer todas mujeres, caminando por el callejón. De pronto, tres hombres encapuchados aparecen detrás de ellas y, en cuestión de segundos, las interceptan. Los agresores las despojan de sus pertenencias y huyen corriendo.

El asalto ocurrió solo unas horas después de que un grupo de estudiantes denunciara ante el Ayuntamiento la creciente violencia en los callejones cercanos a la Universidad. Durante la sesión del 27 de marzo, el regidor Víctor Hugo Larios Ulloa presentó un escrito firmado por alumnos de la institución, en el que exigían mayor vigilancia, rondines policiacos y estrategias de seguridad que realmente prevengan estos delitos. Los estudiantes han manifestado su preocupación, pues aseguran que los robos a mano armada han ido en aumento y que muchos de ellos temen por su seguridad al trasladarse a sus viviendas después de clases.

Esta no es una demanda nueva. La comunidad universitaria ha exigido seguridad desde hace años, pero la respuesta de las autoridades ha sido insuficiente. Un caso emblemático es el paro estudiantil de 2019, cuando las abejas de la Universidad de Guanajuato tomaron las instalaciones para exigir condiciones de seguridad dignas; en ese entonces, presentaron un pliego petitorio que no solo estaba dirigido al Gobierno municipal, sino también al Gobierno del Estado, a la Secretaría de Seguridad estatal y a la Fiscalía General del Estado.

Entre las exigencias de aquel movimiento se encontraba la aplicación de estrategias preventivas, operativos de seguridad en las zonas de mayor riesgo y una mayor coordinación entre los distintos niveles de gobierno para evitar que la violencia siguiera afectando a la comunidad universitaria.

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Han pasado cinco años desde entonces y las historias de asaltos, agresiones y violencia siguen siendo una constante en las calles de Guanajuato. Los estudiantes han alzado la voz en repetidas ocasiones, pero la falta de acción por parte de las autoridades ha convertido sus demandas en un eco que parece perderse entre la burocracia y la indiferencia.

Hasta el momento, ni el Ayuntamiento de Guanajuato ni las autoridades estatales han informado sobre la identificación o detención de los responsables de este último asalto.

Cinco años después del paro estudiantil de 2019, los estudiantes siguen enfrentando el mismo problema: salir a la calle con miedo. La pregunta sigue en el aire: ¿responderán las autoridades antes de que ocurra una tragedia mayor?

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Cultura

La historia del templo de Mellado

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El Templo de Mellado, ubicado en el histórico barrio con el mismo nombre, es uno de los recintos religiosos menos conocidos, pero más significativos para comprender el desarrollo social de Guanajuato durante la época colonial.

Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando la expansión de la actividad minera impulsó la fundación de pequeñas comunidades alrededor de las vetas más importantes. Mellado, situado en la parte alta de la ciudad, era entonces un asentamiento de trabajadores vinculados a las minas cercanas, lo que generó la necesidad de un espacio religioso propio.

La construcción del templo se atribuye a los esfuerzos comunitarios de los habitantes del barrio, apoyados por mineros y por algunas familias acomodadas que buscaban dotar al sitio de una identidad espiritual y un punto de cohesión social. Aunque no existe un registro único del arquitecto o maestro de obra responsable, se sabe que su estilo responde a las influencias barrocas tardías que predominaban en Guanajuato durante el auge de la minería.

A lo largo del siglo XIX, el templo experimentó periodos de deterioro derivados de las fluctuaciones económicas de la ciudad. Cuando la producción minera disminuía, también lo hacía la capacidad de la población local para mantener los edificios públicos y religiosos, y Mellado no fue la excepción. Hay registros que indican que el templo estuvo parcialmente abandonado o con un mantenimiento mínimo durante ciertos años, especialmente en épocas de crisis o conflictos sociales.

Con el paso del tiempo, el lugar recuperó importancia para la comunidad del barrio gracias a iniciativas vecinales que impulsaron su restauración y preservación. Aunque no se convirtió en uno de los templos más prominentes de la ciudad, sí logró mantenerse como un símbolo de identidad local.

Su arquitectura sobria, sus muros de cantera y su ubicación en una zona tradicional le otorgan un carácter histórico que refleja cómo los barrios mineros construyeron sus propios espacios culturales y espirituales durante la colonia y el México independiente.

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Hoy en día, el Templo de Mellado sigue siendo un punto de referencia para los habitantes de la zona. Aunque no atrae el turismo en la misma medida que otros recintos más célebres del centro de Guanajuato, representa una parte importante de la memoria urbana: la de los trabajadores, las pequeñas comunidades y los espacios que crecieron a la sombra de la minería pero que conservaron su propio papel en la historia local.

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Gente

Colocarán nuevos semáforos en la carretera al Pueblito de Rocha, justo frente al Centro de Convenciones

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La instalación de nuevos semáforos en Guanajuato capital ha generado inconformidad entre habitantes, especialmente tras el anuncio de que también serán colocados en la carretera hacia El Pueblito de Rocha.

Ciudadanos señalan que los nuevos dispositivos se están instalando en puntos donde no hacen falta y que, lejos de mejorar la circulación, podrían complicarla. Además, cuestionan que la millonaria inversión no corresponda con las necesidades más urgentes de la ciudad.

Entre las principales quejas destacan los baches persistentes, la falta de recolección de basura y otros servicios básicos que requieren atención inmediata. Los habitantes piden mayor transparencia en la toma de decisiones y que se prioricen las verdaderas problemáticas de la capital.

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Cultura

La Plaza de las ranas, símbolo guanajuatense

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Su nombre alude a la interpretación más difundida del significado del topónimo “Guanajuato”: lugar de ranas. Las esculturas que adornan el espacio rescatan ese origen legendario, convirtiendo a la plaza en un punto donde la memoria histórica y la vida cotidiana convergen. Así, el visitante que llega a la zona no sólo encuentra un punto de paso, sino una referencia identitaria que dialoga con el pasado de la ciudad.

En 2019 la plaza atravesó una transformación significativa con la instalación de una fuente de aguas danzarinas. El proyecto incorporó iluminación sincronizada, chorros de agua y un sistema de sonido que buscaba modernizar el espacio sin alterar su carácter de plaza pública. Se añadieron también luminarias de estilo colonial, mobiliario urbano renovado y mejoras en el piso. Esta intervención convirtió al sitio en un atractivo nocturno y un espacio más funcional para actividades culturales y de recreación.

Con el paso del tiempo, la Plaza de las Ranas se ha vuelto escenario habitual de eventos sociales, expresiones artísticas y celebraciones masivas, especialmente durante el Festival Internacional Cervantino. Miles de personas circulan por el lugar en temporada alta, lo que lo convierte en un punto estratégico para la convivencia, la movilidad y la vida cultural de la ciudad. También ha servido como sede de campañas comunitarias y actividades municipales, reforzando su papel como punto de encuentro entre la ciudadanía.

No obstante, el dinamismo del espacio ha traído consigo problemas. La escultopintura que representaba a las ranas, conformada por piedras de río cuidadosamente integradas, ha sufrido un deterioro notable.

Se estima que más del 40% de estas piezas ha sido dañada por el desgaste, el flujo constante de visitantes, los eventos multitudinarios y la ausencia de un mantenimiento sistemático. Este deterioro despertó preocupación entre ciudadanos y autoridades, pues la pérdida de estas figuras implica también la erosión de un símbolo profundamente arraigado en la identidad local.

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Aunque se han anunciado proyectos de rehabilitación que incluyen la renovación del piso, el rescate de las esculturas y el mejoramiento general del espacio, dichos esfuerzos se han pospuesto en varias ocasiones. La falta de continuidad en la ejecución de estos planes ha dejado a la plaza en un estado intermedio: funcional, viva, concurrida, pero marcada por el desgaste y por la necesidad evidente de un cuidado más constante.

Hoy la Plaza de las Ranas sigue siendo un referente urbano: una puerta de acceso a la ciudad, un sitio de descanso para locales y turistas, y un punto clave en el tejido cultural de Guanajuato.

Su estado actual invita a la reflexión sobre cómo las ciudades gestionan su propio patrimonio. Mantener estos espacios no debería ser una intervención ocasional, sino una labor continua que resguarde tanto la estética como la memoria colectiva. La plaza, con su mezcla de luz, agua, historia y desgaste, recuerda que los espacios públicos son el espejo de la comunidad que los habita y que su preservación es, en última instancia, un acto de identidad.

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Seguridad

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