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Cultura

INAH indagan más acerca de los cenotes para entender la cosmovisión maya

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En la tradición maya, los cenotes y las cuevas inundadas o semiinundadas han sido considerados espacios vinculados al inframundo y al trayecto que recorren las almas tras la muerte hacia el Xibalbá. Aunque se tiene evidencia de que estos lugares fueron utilizados con fines mortuorios desde la prehistoria, aún no se determina con precisión el momento en que quedaron plenamente integrados a la cosmovisión de los antiguos habitantes del sureste mexicano.

Así lo explicó la arqueóloga subacuática del Centro INAH Quintana Roo, Carmen Rojas Sandoval, durante su participación virtual en una sesión del Seminario Antropología y Ciencias Aplicadas del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

En la conferencia titulada Tratamientos funerarios en cuevas y cenotes de Tulum, dictada el 27 de octubre de 2025, la especialista destacó que, gracias a diversos hallazgos arqueológicos en la península de Yucatán durante las últimas décadas, entre ellos los casos conocidos como Naharon, Las Palmas, Muknal, Chan Hol 1, Chan Hol 2 e Ixchel, se ha podido documentar la continuidad en el uso ritual de estos espacios desde la prehistoria hasta el periodo Clásico maya (250-900 d. C.).

Entre los descubrimientos sobresale el entierro de la Señora de Las Palmas, una mujer que vivió hace unos 12 mil años cerca de lo que hoy es Tulum y que murió entre los 45 y 50 años. Sus restos fueron colocados en una cueva seleccionada cuidadosamente, en torno a formaciones de estalagmitas y estalactitas, y envueltos en pieles, lo que revela una intención ritual definida.

Otro caso relevante es el del llamado Abuelito de Muknal, cuyos restos fueron trasladados desde la superficie hasta una cámara con abundante carbón hace más de 10 mil años. De acuerdo con Rojas Sandoval, estos tratamientos funerarios representan los primeros indicios de las prácticas rituales que más tarde caracterizarían a la cultura maya. No obstante, subrayó que aún falta determinar en qué momento estas acciones se transformaron para integrarse plenamente a la cosmovisión mesoamericana.

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La investigadora señaló que el Proyecto Arqueología del Holoceno de Quintana Roo, que encabeza en el Centro INAH estatal, busca profundizar en el desarrollo social y simbólico de estas comunidades ancestrales.

Añadió que la concepción maya del inframundo continúa vigente en el pensamiento indígena. Según esta visión, el alma debe descender y superar diversas pruebas antes de llegar al Xibalbá, proceso tras el cual se transforma en fuerza vital que habita en árboles, plantas o frutos. De ahí que, en el maya yucateco actual, expresiones coloquiales para referirse a la muerte se traduzcan al español como “entró al agua” o “inició su camino”

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Cultura

Por qué Guanajuato es Patrimonio de la Humanidad

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Guanajuato capital fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988 debido a su valor histórico, arquitectónico y cultural excepcional. La ciudad surgió y creció alrededor de la minería de la plata, actividad que la convirtió en uno de los centros económicos más importantes del mundo durante los siglos XVII y XVIII. Este origen minero dio forma a una traza urbana única, adaptada a un terreno montañoso, con calles estrechas, túneles, callejones y plazas que reflejan una relación directa entre el paisaje natural y la acción humana.

Otro de los elementos clave para esta distinción es su arquitectura. Guanajuato conserva un conjunto notable de edificios civiles y religiosos de estilos barroco y neoclásico, como la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el Teatro Juárez y la Universidad de Guanajuato. Estas construcciones no solo destacan por su belleza, sino por el alto grado de conservación que mantiene el centro histórico, lo que permite entender cómo se vivía y se organizaba la ciudad en la época virreinal.

Finalmente, Guanajuato es Patrimonio de la Humanidad porque es portadora de una identidad cultural viva. Sus tradiciones, como las callejoneadas, el Festival Internacional Cervantino y su intensa vida universitaria, mantienen vigente su herencia histórica. No se trata solo de edificios antiguos, sino de una ciudad que conserva su memoria, su simbolismo y su relevancia cultural, razones por las que el mundo reconoce en Guanajuato un valor que pertenece a toda la humanidad.

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Cultura

Presa de la Olla: origen y tradición

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La Presa de la Olla es uno de los referentes históricos más importantes de Guanajuato capital, una obra que nació de la necesidad urgente de abastecer de agua a una ciudad en constante crecimiento durante la época colonial. Su construcción respondió a los problemas recurrentes de escasez que enfrentaba una población cuya vida económica giraba en torno a la minería y que dependía de fuentes de agua irregulares.

La presa fue concluida en 1749 por disposición de las autoridades locales de la Nueva España, con el propósito de captar y almacenar el agua de lluvia para su posterior distribución entre la población. La compleja geografía de Guanajuato, asentada en una cañada, hacía indispensable contar con una infraestructura capaz de regular el suministro hídrico, tanto para el consumo doméstico como para las actividades productivas. Durante más de un siglo, la Presa de la Olla fue una de las principales fuentes de agua para la ciudad.

Con el tiempo, la presa dejó de ser únicamente una obra hidráulica para convertirse en un espacio con un fuerte significado social. Desde sus primeros años surgió la práctica de abrir sus compuertas de manera periódica, una acción necesaria para liberar el excedente de agua y limpiar los cauces naturales. Este acto técnico comenzó a atraer a la población, que veía en la apertura una señal del inicio del temporal de lluvias.

A lo largo del siglo XIX, la apertura de la Presa de la Olla se transformó en una tradición profundamente arraigada. Lo que inició como una maniobra de mantenimiento se convirtió en una celebración colectiva, acompañada de música, convivencia familiar y la presencia de autoridades civiles. La ceremonia, realizada generalmente entre junio y julio, quedó integrada al calendario cultural de Guanajuato como una de sus festividades más antiguas.

Alrededor de la presa se desarrollaron también otras prácticas sociales. El sitio se volvió un punto habitual de reunión, paseo y recreación, especialmente los fines de semana. La creación de jardines y espacios públicos en su entorno reforzó su papel como lugar de encuentro para distintas generaciones de guanajuatenses.

En la actualidad, aunque la Presa de la Olla ya no cumple la función central de abastecimiento de agua que tuvo en el pasado, su valor histórico permanece intacto. La apertura anual continúa realizándose como un acto simbólico que conecta a la ciudad con su pasado y recuerda la importancia del agua en su historia. Esta tradición representa un vínculo vivo entre la herencia colonial y la identidad contemporánea de Guanajuato, y subraya la relevancia de preservar tanto el patrimonio material como las costumbres que lo mantienen vigente.

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Cultura

Los orígenes de la gran ciudad maya

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Antes de que El Castillo, también conocido como el Templo de Kukulkán, se convirtiera en el elemento dominante de la traza urbana de Chichén Itzá, el sitio ya había sido ocupado por una ciudad consolidada, habitada durante generaciones por la élite maya. Este primer núcleo urbano sentó las bases del desarrollo posterior de la ciudad como uno de los principales centros ceremoniales de Mesoamérica. A ese conjunto primigenio se le conoce actualmente como Chichén Viejo o Grupo de la Serie Inicial.

Chichén Viejo está conformado por un conjunto de 25 estructuras distribuidas alrededor de dos plazas principales, edificadas sobre un amplio basamento amurallado. Esta disposición arquitectónica revela la existencia de un orden urbano temprano, así como una planificación cuidadosa del espacio, mucho antes del auge monumental que caracteriza a la zona más conocida del sitio arqueológico.

Entre las edificaciones que integran este conjunto se encuentran el Templo de los Búhos, el Palacio de los Falos y la Casa de los Caracoles. Sus formas y funciones reflejan una arquitectura compleja de carácter residencial y ritual, que anticipa el esplendor que Chichén Itzá alcanzaría siglos después. Estos edificios no solo dan cuenta de la vida cotidiana y del ejercicio del poder entre los antiguos habitantes del lugar, sino que también permiten observar los primeros rasgos de la organización social y política de la ciudad.

Los vestigios conservados en Chichén Viejo corresponden a las fases formativas del asentamiento, con elementos constructivos y simbólicos que se remontan al periodo comprendido entre los años 600 y 900 de nuestra era. Su estudio ha permitido a los especialistas reconstruir los orígenes de Chichén Itzá y comprender cómo esta ciudad evolucionó, a partir de un núcleo inicial bien estructurado, hasta convertirse en uno de los centros más influyentes del mundo maya.

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