Lo perdieron todo, Esteban y Teresita salvaron la vida de milagro mientras se quemaba su jacal de madera, ahora viven a la intemperie. Piden ayuda a los ángeles de Guanajuato.

Acaba de terminar de ver el partido de fútbol, cuenta Esteban mientras abre la puerta del terreno, situado a un lado de la carretera federal a Salamanca, a unos metros de la desviación a Cuevas.


Teresita, por su parte, aguarda junto a una mesita y unas sillas tendidas en la construcción a medias de un bodegón.
En la esquina del terreno se encuentran las cenizas , las láminas de acero dobladas por el calor, los troncos de lo que alguna fue la estructura que levantaba la casa que a lo largo de 8 años construyeron.
Esteban mantiene la cordura, aparenta fortaleza, mientras Teresita entra en shock se llena de tristeza y llora mientras recuerda lo que les costó juntar para su casita de tres por tres metros, levantada junto a la bodega que han cuidado durante 8 años.
Los dos se atropellan la voz para documentar que alguien les aventó un explosivo que en cuestión de segundos solo les dió tiempo de salir de la casa y salvar la vida, mientras su vivienda de madera y techo de lámina se consumía con todas sus pertenencias adentro.
En una chamarra sus ahorros del dinero que les da el gobierno, se lamentan, mientras cuentan que van llegando de comprar ropa interior.
Se pide ayuda a quien quiera ayudar a este par de viejitos que salvaron la vida y ahora solo les queda la esperanza en la bondad de sus semejantes para sobrevivir a este crudo invierno sin hogar.