La señora Norma, dueña de la casa de Ana en el emblemático callejón del Beso, puso una lona para denunciar violencia hacia su persona, por ser mujer.

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Uno de los lugares imperdibles para los visitantes a la ciudad de Guanajuato, es el Callejón del Beso, acaso por ser destino de muchos recién casados, de muchas parejas, que encuentran en la leyenda de Carlos y Ana, un buen pretexto para confirmarse su amor, es que casi nadie deja de pasar y tomarse una foto en tan emblemático sitio, que es el recuerdo ideal para la memoria de cualquier relación.
Sin embargo, en los últimos años, desde el 14 de febrero del 2019 para ser preciso, la Sra Norma, propietaria del balcón de Ana, comenzó a exprimir económicamente el sitio desde una perspectiva nueva, es decir, se acostumbraba que las parejas llegaran y los fotógrafos las conminaran a tomarse una foto, pagando, por la subida al Balcón y por la fotografía de forma separada, quedándose los dueños de los balcones con la entrada y los fotógrafos con lo de las fotos, si mal no entiendo, es así como quieren que siga, los fotógrafos que son una parte en este conflicto.
Pero la Señora Norma, empresaria, dió un nuevo giro desde entonces y, decidió, que la gente suba gratis al balcón y sólo pague en caso de tomarse una fotografía, por lo que las perspectivas del sistema que funcionó por años, empezaron a crear conflictos, entre los fotógrafos, que explotan digámoslo así, el Balcón de Carlos, y la dueña del Balcón de Ana, que se puede decir, diversificó la forma de hacer negocio con la entrañable leyenda de dichas casas.
El conflicto ha tenido varios episodios, muchos de ellos violentos, por un lado se han golpeado a los fotógrafos y por el otro, en este caso muy evidente, se ha ejercido misoginia a la dueña de uno de los balcones, que desde la misma leyenda, han sido caracterizados por lo conflictivo de su entorno, en este último capítulo, es evidente el hecho, de que ha faltado que se solucione, con perspectiva de género.
Me explico, según testimonios, los 3 fotógrafos que desde hace generaciones, nos dicen, han usufructuado dicho espacio, son hombres, los leyenderos y narradores que ahí participan también son hombres, es decir, todos los que firmaron el acuerdo de “convivencia social”
Hace cinco meses para que se lleve a cabo la convivencia armónica en dicho lugar, todos fueron hombres, los inspectores encargados de hacer cumplir dichos acuerdos, también han sido hombres, y ha faltado sensibilidad para entender que entyre hombres se acostumbra minimizar los derechos de las mujeres, en este caso la empresaria y dos de sus trabajadoras han sufrido, ese menosprecio en su caminar cotidiano por este pequeño espacio público.
Así las cosas, los visitantes de nuevo, se han encontrado con una manta donde la dueña se dice víctima de violencia, que de verdad rompe con la visual de tan distintivo lugar del Patrimonio Guanajuatense, pero lo hace como una medida de protesta por la falta que las autoridades tienen sobre la violencia cotidiana, que hacia las mujeres se tiene a las que no se les ve como seres humanos completos aquí en Guanajuato.
Quizá el conflicto se arregle si Alejandro Navarro Saldaña, Presidente Municipal, se da cuenta del hostigamiento que desde la alcaldía se hace hacia dicha empresaria, que de verdad se encuentra en un mundo de hombres, no sólo como un cliché político de su administración, dar un paso a comprender el trasfondo de este conflicto sería una verdadera actitud con perspectiva de género para la ciudad y no sólo para que su esposa pueda acceder a algún puesto político.