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Cultura

Jardín Reforma: Corazón del centro histórico

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En el corazón del centro histórico de Guanajuato se encuentra el Jardín Reforma, un espacio que ha acompañado la transformación urbana de la ciudad durante más de siglo y medio

Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, cuando el entonces Jardín Morelos surgió como parte de un proyecto de ordenamiento y embellecimiento del antiguo barrio de Belén. En ese tiempo, el terreno funcionaba como corral y zona de servicio de la parroquia del Inmaculado Corazón de María, perteneciente al desaparecido convento de Belén.

La intervención del arquitecto José Noriega, figura relevante en la arquitectura guanajuatense del siglo XIX, dio forma al jardín entre 1861 y 1875, transformándolo en un espacio público pensado para el descanso, el paseo y la convivencia.

El diseño que Noriega planteó respondía a los criterios de orden y proporcionalidad propios de la época. El jardín adoptó una forma rectangular, dividida en cuadrantes simétricos y unidos por senderos de circulación. Una fuente de cantera fue colocada al centro como punto focal, mientras que las primeras bancas de fierro fundido y los árboles sembrados en aquellos años terminaron por integrar un ambiente de respiro dentro del tejido urbano. Su entrada principal quedó marcada por un arco con columnas de orden jónico, un gesto arquitectónico que aún hoy conserva la dignidad y solemnidad que caracterizaban a los espacios públicos decimonónicos.

Durante décadas, el jardín funcionó como mercado al aire libre. Antes de que existiera el Mercado Hidalgo, las actividades comerciales se concentraban en este punto, donde vendedores ambulantes y pequeños comerciantes abastecían a los habitantes del centro y a los barrios circundantes. Fue hasta 1910, con la inauguración del nuevo mercado, que la actividad comercial se trasladó y el jardín recuperó plenamente su vocación como espacio recreativo. En 1923, en consonancia con los ideales políticos de la época, dejó de llamarse Jardín Morelos y adoptó el nombre de Jardín Reforma, denominación que conserva hasta la actualidad.

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La relevancia del jardín, sin embargo, no se limita a su historia urbana. Su ubicación estratégica lo vincula profundamente con la vida cultural e intelectual de Guanajuato. A un costado se encuentra la Biblioteca Armando Olivares, resguardando un acervo fundamental para la memoria escrita de la ciudad. Muy cerca está la Plaza de San Roque, cuna de los emblemáticos entremeses cervantinos y punto de origen del Festival Internacional Cervantino. Asimismo, una de las fachadas laterales de la Universidad de Guanajuato acompaña al jardín, integrándolo al pulso académico y estudiantil que caracteriza a la ciudad. Todo esto convierte al Jardín Reforma en un nodo donde convergen historia, tradición y vida contemporánea.

No obstante, su permanencia enfrenta desafíos claros. En los últimos años se han registrado daños visibles en las pérgolas de madera instaladas en la década de 2010: piezas quebradas, soportes podridos y tramos parcialmente colapsados han generado preocupación y señalamientos sobre la falta de mantenimiento adecuado. Aunque autoridades municipales han anunciado proyectos de rehabilitación, la restauración integral sigue pendiente, lo que evidencia la fragilidad de los espacios públicos históricos frente a la desatención y el desgaste natural.

Hoy, el Jardín Reforma permanece como un punto de pausa en medio del movimiento constante del centro, recuerda que la historia de una ciudad también se escribe en sus plazas y en sus silencios, y que su cuidado determina la forma en que el pasado puede seguir acompañando al presente.

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Cultura

Estudiantinas: folclor guanajuatense

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Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XX cuando estudiantes universitarios, influenciados por agrupaciones musicales españolas, comenzaron a reunirse para interpretar canciones populares en espacios públicos. Estas primeras expresiones surgieron de manera informal, como una actividad recreativa ligada a la vida académica y al espíritu bohemio que caracterizaba a la ciudad.

Con el paso del tiempo, las estudiantinas dejaron de ser encuentros espontáneos entre estudiantes para consolidarse como agrupaciones organizadas. La vestimenta, inspirada en la indumentaria medieval europea, se volvió un elemento distintivo, al igual que el repertorio musical, que fue ampliándose para incluir sones, boleros y piezas tradicionales latinoamericanas. Esta evolución permitió que la tradición se adaptara a nuevos públicos sin perder su vínculo con el entorno universitario y con la historia urbana de Guanajuato.

Actualmente, las estudiantinas se desarrollan principalmente a través de las llamadas callejoneadas: recorridos musicales por los estrechos callejones del centro histórico. Durante estas presentaciones, los músicos entonan canciones, recitan versos picarescos y narran anécdotas que aluden a la ciudad, a su pasado minero y a la vida cotidiana.

El carácter folclórico de las estudiantinas guanajuatenses radica en su arraigo social y en su función como expresión colectiva transmitida de generación en generación. Más allá de su origen extranjero, la tradición fue apropiada y transformada por la comunidad local, integrándose al imaginario cultural de la ciudad. Esta adaptación la convirtió en un símbolo identitario que refleja el ambiente festivo, universitario y histórico de Guanajuato capital.

Su popularidad entre los turistas se explica por la combinación de música, arquitectura y convivencia que ofrecen las callejoneadas. Al desarrollarse en espacios emblemáticos del centro histórico, las estudiantinas permiten a los visitantes conocer la ciudad a través de una experiencia sensorial y participativa. De esta manera, la tradición no solo se mantiene vigente, sino que continúa renovándose como uno de los principales atractivos culturales de Guanajuato.

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Cultura

Descubren vestigios prehispánicos en Puebla

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En la Sierra Nororiental de Puebla, específicamente en la comunidad de San Juan Xiutetelco, se desarrolla desde diciembre de 2025 un proyecto de rescate arqueológico que ha permitido recuperar vestigios prehispánicos fundamentales para entender el origen y desarrollo temprano del asentamiento.

El actual centro poblacional se ubica sobre los restos de una antigua ciudad prehispánica que habría ocupado alrededor de 28 hectáreas y los basamentos arquitectónicos identificados sugieren la existencia de un extenso espacio ceremonial que, además de su función ritual, habría operado como punto estratégico para el intercambio de bienes suntuarios a larga distancia.

Las acciones de salvamento arqueológico derivan de trabajos de repavimentación, instalación de sistemas de captación de agua pluvial, drenaje y cableado subterráneo en la calle Cuauhtémoc. De acuerdo con el personal de INAH, los hallazgos muestran una continuidad cultural que va desde etapas previas al periodo Clásico, entre 100 y 650 d.C., hasta finales del Posclásico Temprano, entre 900 y 1200 d.C.

Entre los objetos recuperados sobresale una olla globular de aproximadamente 30 centímetros de diámetro, localizada a inicios de enero de 2026. La pieza, que posiblemente corresponde al periodo Epiclásico (600–900 d.C.), fue hallada en asociación con la plataforma de un basamento, similar a otras registradas en la región, como las del municipio de Teteles de Ávila Castillo. Este tipo de vasijas suele relacionarse con prácticas funerarias, particularmente con entierros de infantes recién nacidos.

Debido a la fragilidad del objeto, la pieza fue extraída en bloque para su posterior excavación y traslado al Museo Comunitario de Xiutetelco, donde será resguardada y analizada con el fin de determinar su contenido y su función original.

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A pesar de que la investigación en Xiutetelco se encuentra aún en una fase inicial, se espera que en el corto plazo aporte mayor claridad sobre las relaciones culturales del sitio con la tradición huasteca y permita establecer si este asentamiento pudo haber funcionado como un núcleo poblacional de filiación totonaca.

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Cultura

Hallan tumba zapoteca que data del año 600 de nuestra era

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Claudia Sheinbaum afirmó que este hallazgo constituye el descubrimiento arqueológico de mayor relevancia en México en los últimos diez años, tanto por su notable estado de conservación como por la información histórica que permite recuperar.

Ubicada en los Valles Centrales de Oaxaca, la tumba sobresale por la complejidad de su diseño arquitectónico y por la calidad de sus elementos pictóricos, los cuales ofrecen nuevos elementos para comprender la estructura social, los rituales funerarios y la concepción del mundo de la cultura zapoteca.

En su posicionamiento público, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, señaló que el descubrimiento es excepcional no solo por su nivel de preservación, sino por la información que revela sobre la vida ritual, la organización social y el pensamiento simbólico zapoteca. Indicó que la arquitectura y la pintura mural resguardadas reflejan con claridad la grandeza histórica de esta civilización, cuyo patrimonio hoy se investiga, protege y comparte con la sociedad.

El sitio destaca por la integración de escultura y pintura mural, con símbolos vinculados al poder y a la muerte, además de frisos y lápidas que contienen inscripciones calendáricas, elementos que lo colocan entre los hallazgos más relevantes del patrimonio arqueológico nacional.

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En el acceso a la antecámara se localiza la figura de un búho, ave asociada en la cosmovisión zapoteca con la noche y el tránsito al más allá. Su pico cubre el rostro estucado y policromado de un personaje masculino, que podría corresponder al ancestro al que se dedicó la tumba y a quien sus descendientes acudían como intermediario ante las deidades.

El umbral está enmarcado por un dintel superior decorado con un friso compuesto por lápidas de piedra grabadas con nombres calendáricos. En las jambas laterales se aprecian las figuras talladas de un hombre y una mujer, ambos con tocados y objetos en las manos, que posiblemente representaban a los guardianes simbólicos del recinto funerario.

Dentro de la cámara se conservan, en su posición original, fragmentos de una pintura mural de gran calidad, realizada en tonos ocre, blanco, verde, rojo y azul. La escena muestra una procesión de personajes que portan bolsas de copal y avanzan en dirección a la entrada de la tumba.

De manera paralela, especialistas del Centro INAH Oaxaca llevan a cabo labores de conservación, protección e investigación del inmueble, incluyendo trabajos de estabilización de la pintura mural, la cual presenta afectaciones derivadas de raíces, insectos y cambios bruscos en las condiciones ambientales. Asimismo, se desarrollan análisis cerámicos, iconográficos y epigráficos, además de estudios de antropología física, con el objetivo de ampliar el conocimiento sobre los rituales, símbolos y prácticas funerarias asociados a este contexto arqueológico.

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