Cultura
¿Cuántos calendarios han existido a lo largo de la historia de la humanidad?
A lo largo de la historia de la humanidad han existido decenas de calendarios, creados por distintas civilizaciones para organizar el tiempo según sus necesidades agrícolas, religiosas, políticas y científicas
No existe una cifra exacta y cerrada, pero los historiadores y especialistas coinciden en que han existido más de 40 sistemas calendáricos bien documentados, además de numerosas variantes locales y reformas internas que elevan la cifra real a varias decenas más.
Los primeros calendarios surgieron cuando las sociedades comenzaron a observar de manera sistemática los ciclos del sol, la luna y las estaciones. En Mesopotamia, hacia el tercer milenio antes de Cristo, los sumerios desarrollaron uno de los calendarios más antiguos, basado en ciclos lunares: este sistema fue funcional para la agricultura y los rituales, pero su principal limitación era el desfase con el año solar, lo que obligaba a constantes ajustes. Con el tiempo, fue modificado y reemplazado por sistemas más precisos en la región.

En el Antiguo Egipto apareció uno de los primeros calendarios solares, alrededor del 2600 a. C., compuesto por 365 días. Aunque era notablemente avanzado, no contemplaba los años bisiestos, lo que generó un desfase progresivo. Aun así, su estructura influyó en calendarios posteriores, incluido el romano.

Las civilizaciones mesoamericanas desarrollaron sistemas altamente complejos: los mayas utilizaron varios calendarios de manera simultánea, como el Tzolk’in, el Haab’ y la Cuenta Larga, con fines rituales, agrícolas e históricos. Estos calendarios no fueron descartados por ineficiencia, sino por la conquista y la imposición de modelos europeos, lo que interrumpió su uso oficial, aunque algunos sobreviven de forma ceremonial hasta hoy.

En el mundo clásico, el calendario romano pasó por múltiples reformas hasta llegar al calendario juliano en el año 46 a. C. Este sistema mejoró la organización del tiempo, pero contenía un error de cálculo que, con los siglos, provocó un desfase respecto al año solar. Esta falla llevó a su sustitución por el calendario gregoriano en 1582.
Otros calendarios, como el islámico, el hebreo, el chino o el hindú, no han sido descartados completamente, pero quedaron relegados al ámbito religioso o cultural. El calendario islámico, por ejemplo, es estrictamente lunar, lo que lo hace inadecuado para fines agrícolas y civiles globales, ya que sus fechas se desplazan cada año. Por esta razón, muchos países de tradición islámica utilizan el calendario gregoriano para asuntos administrativos, manteniendo el propio para la vida religiosa.
La razón principal por la que muchos calendarios fueron abandonados o sustituidos no fue su inutilidad, sino la necesidad de un sistema común y preciso para el comercio, la ciencia y la administración entre sociedades cada vez más interconectadas. La expansión europea, la colonización y, más tarde, la globalización, favorecieron la adopción de un calendario único que facilitara la comunicación internacional.
En resumen, los calendarios fueron descartados o desplazados por tres motivos principales: imprecisión astronómica, cambios políticos y religiosos, y la necesidad de estandarización. El calendario gregoriano no eliminó la diversidad calendárica, pero sí se impuso como el marco común que permitió coordinar el tiempo a escala global, dejando a muchos otros sistemas como testimonio cultural de las civilizaciones que los crearon.
Cultura
Estudiantinas: folclor guanajuatense
Las estudiantinas forman parte esencial del paisaje cultural de Guanajuato capital y representan una de las tradiciones folclóricas más reconocidas de la ciudad
Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XX cuando estudiantes universitarios, influenciados por agrupaciones musicales españolas, comenzaron a reunirse para interpretar canciones populares en espacios públicos. Estas primeras expresiones surgieron de manera informal, como una actividad recreativa ligada a la vida académica y al espíritu bohemio que caracterizaba a la ciudad.
Con el paso del tiempo, las estudiantinas dejaron de ser encuentros espontáneos entre estudiantes para consolidarse como agrupaciones organizadas. La vestimenta, inspirada en la indumentaria medieval europea, se volvió un elemento distintivo, al igual que el repertorio musical, que fue ampliándose para incluir sones, boleros y piezas tradicionales latinoamericanas. Esta evolución permitió que la tradición se adaptara a nuevos públicos sin perder su vínculo con el entorno universitario y con la historia urbana de Guanajuato.
Actualmente, las estudiantinas se desarrollan principalmente a través de las llamadas callejoneadas: recorridos musicales por los estrechos callejones del centro histórico. Durante estas presentaciones, los músicos entonan canciones, recitan versos picarescos y narran anécdotas que aluden a la ciudad, a su pasado minero y a la vida cotidiana.

El carácter folclórico de las estudiantinas guanajuatenses radica en su arraigo social y en su función como expresión colectiva transmitida de generación en generación. Más allá de su origen extranjero, la tradición fue apropiada y transformada por la comunidad local, integrándose al imaginario cultural de la ciudad. Esta adaptación la convirtió en un símbolo identitario que refleja el ambiente festivo, universitario y histórico de Guanajuato capital.
Su popularidad entre los turistas se explica por la combinación de música, arquitectura y convivencia que ofrecen las callejoneadas. Al desarrollarse en espacios emblemáticos del centro histórico, las estudiantinas permiten a los visitantes conocer la ciudad a través de una experiencia sensorial y participativa. De esta manera, la tradición no solo se mantiene vigente, sino que continúa renovándose como uno de los principales atractivos culturales de Guanajuato.
Cultura
Descubren vestigios prehispánicos en Puebla
En la Sierra Nororiental de Puebla, específicamente en la comunidad de San Juan Xiutetelco, se desarrolla desde diciembre de 2025 un proyecto de rescate arqueológico que ha permitido recuperar vestigios prehispánicos fundamentales para entender el origen y desarrollo temprano del asentamiento.
El actual centro poblacional se ubica sobre los restos de una antigua ciudad prehispánica que habría ocupado alrededor de 28 hectáreas y los basamentos arquitectónicos identificados sugieren la existencia de un extenso espacio ceremonial que, además de su función ritual, habría operado como punto estratégico para el intercambio de bienes suntuarios a larga distancia.
Las acciones de salvamento arqueológico derivan de trabajos de repavimentación, instalación de sistemas de captación de agua pluvial, drenaje y cableado subterráneo en la calle Cuauhtémoc. De acuerdo con el personal de INAH, los hallazgos muestran una continuidad cultural que va desde etapas previas al periodo Clásico, entre 100 y 650 d.C., hasta finales del Posclásico Temprano, entre 900 y 1200 d.C.
Entre los objetos recuperados sobresale una olla globular de aproximadamente 30 centímetros de diámetro, localizada a inicios de enero de 2026. La pieza, que posiblemente corresponde al periodo Epiclásico (600–900 d.C.), fue hallada en asociación con la plataforma de un basamento, similar a otras registradas en la región, como las del municipio de Teteles de Ávila Castillo. Este tipo de vasijas suele relacionarse con prácticas funerarias, particularmente con entierros de infantes recién nacidos.
Debido a la fragilidad del objeto, la pieza fue extraída en bloque para su posterior excavación y traslado al Museo Comunitario de Xiutetelco, donde será resguardada y analizada con el fin de determinar su contenido y su función original.
A pesar de que la investigación en Xiutetelco se encuentra aún en una fase inicial, se espera que en el corto plazo aporte mayor claridad sobre las relaciones culturales del sitio con la tradición huasteca y permita establecer si este asentamiento pudo haber funcionado como un núcleo poblacional de filiación totonaca.
Cultura
Hallan tumba zapoteca que data del año 600 de nuestra era
Claudia Sheinbaum afirmó que este hallazgo constituye el descubrimiento arqueológico de mayor relevancia en México en los últimos diez años, tanto por su notable estado de conservación como por la información histórica que permite recuperar.
Se trata de una prueba sólida del legado milenario del país y de la magnitud cultural de las civilizaciones que lo antecedieron.
Ubicada en los Valles Centrales de Oaxaca, la tumba sobresale por la complejidad de su diseño arquitectónico y por la calidad de sus elementos pictóricos, los cuales ofrecen nuevos elementos para comprender la estructura social, los rituales funerarios y la concepción del mundo de la cultura zapoteca.
En su posicionamiento público, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, señaló que el descubrimiento es excepcional no solo por su nivel de preservación, sino por la información que revela sobre la vida ritual, la organización social y el pensamiento simbólico zapoteca. Indicó que la arquitectura y la pintura mural resguardadas reflejan con claridad la grandeza histórica de esta civilización, cuyo patrimonio hoy se investiga, protege y comparte con la sociedad.
El sitio destaca por la integración de escultura y pintura mural, con símbolos vinculados al poder y a la muerte, además de frisos y lápidas que contienen inscripciones calendáricas, elementos que lo colocan entre los hallazgos más relevantes del patrimonio arqueológico nacional.
En el acceso a la antecámara se localiza la figura de un búho, ave asociada en la cosmovisión zapoteca con la noche y el tránsito al más allá. Su pico cubre el rostro estucado y policromado de un personaje masculino, que podría corresponder al ancestro al que se dedicó la tumba y a quien sus descendientes acudían como intermediario ante las deidades.
El umbral está enmarcado por un dintel superior decorado con un friso compuesto por lápidas de piedra grabadas con nombres calendáricos. En las jambas laterales se aprecian las figuras talladas de un hombre y una mujer, ambos con tocados y objetos en las manos, que posiblemente representaban a los guardianes simbólicos del recinto funerario.
Dentro de la cámara se conservan, en su posición original, fragmentos de una pintura mural de gran calidad, realizada en tonos ocre, blanco, verde, rojo y azul. La escena muestra una procesión de personajes que portan bolsas de copal y avanzan en dirección a la entrada de la tumba.
De manera paralela, especialistas del Centro INAH Oaxaca llevan a cabo labores de conservación, protección e investigación del inmueble, incluyendo trabajos de estabilización de la pintura mural, la cual presenta afectaciones derivadas de raíces, insectos y cambios bruscos en las condiciones ambientales. Asimismo, se desarrollan análisis cerámicos, iconográficos y epigráficos, además de estudios de antropología física, con el objetivo de ampliar el conocimiento sobre los rituales, símbolos y prácticas funerarias asociados a este contexto arqueológico.
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