Historias
Con enfermedad terminal, activista impulsa legalizar la eutanasia en México y abre debate nacional.
Con un diagnóstico terminal y el tiempo en contra, una activista mexicana ha convertido su propia historia en una lucha nacional: legalizar la eutanasia para quienes enfrentan enfermedades irreversibles y dolor constante.



A sus poco más de 30 años, su caso ha reavivado un debate que México ha postergado durante años. Su propuesta busca que las personas puedan decidir cómo y cuándo morir, sin dolor y con acompañamiento médico, a través de una iniciativa conocida como “Ley Trasciende”.
Actualmente, en México la eutanasia está prohibida por la ley, lo que obliga a pacientes en fase terminal a enfrentar procesos largos y dolorosos, sin la opción de una muerte asistida.
La activista no solo habla por ella. Su lucha representa a miles de pacientes que viven entre tratamientos, sufrimiento y la incertidumbre del final. Con más de 100 mil firmas de respaldo, su propuesta ya ha llegado al Congreso, donde comienza a abrirse paso entre posturas divididas.
El tema no es sencillo: enfrenta dilemas éticos, religiosos y legales. Pero también plantea una pregunta directa y poderosa: ¿debería ser un derecho elegir una muerte digna?
Mientras su vida avanza en cuenta regresiva, su voz gana fuerza.
Y con ella, crece un debate que México ya no puede evitar.
Ciudad
Un gesto que alimenta: dar una moneda puede cambiar un día entero.
En las calles, entre el ruido y la prisa cotidiana, hay rostros que muchas veces pasan desapercibidos: personas que piden ayuda con la esperanza de recibir algo que les permita seguir adelante. No se trata solo de una moneda, sino de un acto de empatía. Nadie sabe con certeza si esa persona ya comió, si tiene un vaso de agua esperando o si en casa hay siquiera un plato servido. Aun así, la mayoría opta por ignorar, como si mirar hacia otro lado hiciera desaparecer la necesidad.
La realidad es que detrás de cada mano extendida hay una historia distinta: desempleo, enfermedad, abandono o simplemente mala fortuna. Dar una moneda puede parecer poco, pero para quien la recibe puede significar un respiro momentáneo, una oportunidad de comprar algo básico o incluso recuperar un poco de esperanza. Más allá del dinero, el gesto rompe la indiferencia y reconoce la dignidad de quien está pasando por un momento difícil.

Hoy más que nunca, la invitación es a no ser ajenos. Un pequeño acto puede marcar la diferencia en el día de alguien más. Tal vez no podamos cambiar toda una realidad, pero sí podemos aportar un poco de humanidad. Porque en un mundo donde muchas veces predomina la indiferencia, elegir ayudar sigue siendo una de las decisiones más valiosas.
Apoyo Social
Entre la necesidad y el abandono: niños y adultos mayores dominan el comercio en banquetas de Guanajuato capital.
En pleno corazón de Guanajuato capital, la postal se repite todos los días: mientras unos van rumbo a la escuela o al trabajo, otros —niños y adultos mayores— sobreviven vendiendo en las banquetas. Dulces, artesanías, chicles o cualquier cosa que deje unas monedas. La pregunta que ya circula fuerte en redes es directa: ¿dónde está el apoyo?
Lejos de ser casos aislados, el fenómeno tiene raíces profundas. Datos recientes revelan que en Guanajuato alrededor del 15.9% de niñas, niños y adolescentes trabajan, lo que equivale a más de 234 mil menores en esta condición . Y no es menor el dato: el estado se mantiene entre los primeros lugares a nivel nacional en trabajo infantil.


Lo más preocupante no es solo que trabajen, sino que muchos de ellos no están yendo a la escuela. A nivel nacional, cerca del 30% de los menores en trabajo infantil no asiste a clases , lo que refleja una realidad que también se vive en calles y callejones de la capital guanajuatense.
En redes sociales, usuarios lo dicen sin filtro:
“Unos niños al salón… otros a vender”, una frase que resume la desigualdad visible en cada esquina.
El problema no termina ahí. Guanajuato también enfrenta altos niveles de pobreza infantil: cerca del 39% de niñas y niños viven en esta condición . Esta combinación —pobreza, falta de acceso a servicios y rezago educativo— empuja a muchas familias a que los menores salgan a trabajar desde temprana edad.
Además, especialistas advierten que el trabajo infantil en el estado está ligado a contextos familiares donde los ingresos no alcanzan o donde los adultos están en empleos informales, como el comercio en vía pública . Es decir, lo que se ve en la banqueta no es casualidad, es una cadena que se repite.
A la par, otro grupo vulnerable también ocupa estos espacios: los adultos mayores. Sin pensiones suficientes o acceso a seguridad social, muchos terminan vendiendo en la calle para subsistir, compartiendo el mismo escenario que los menores.
Hoy, la imagen es clara: generaciones distintas, misma necesidad.
Mientras tanto, programas sociales existen, pero la percepción ciudadana —y lo que se ve día a día— abre una duda incómoda: si hay apoyos, ¿por qué siguen creciendo estas escenas?
La realidad en Guanajuato capital no se esconde. Está en cada semáforo, en cada banqueta y en cada niño que en lugar de llevar mochila, carga mercancía.
Y la pregunta sigue en el aire:
¿es falta de apoyo… o falta de que realmente llegue?.
Apoyo Social
Voces que resisten en las calles de Guanajuato: entre la necesidad y la indiferencia.
En las calles de Guanajuato capital, una persona adulta mayor entona canciones todos los días para ganarse el sustento, recordando que detrás de cada voz hay una historia de esfuerzo y supervivencia. Como él, decenas de personas encontraban en espacios como el Mercado Hidalgo una oportunidad digna para obtener algunas monedas, pero hoy esa realidad ha cambiado tras ser retirados de ese lugar.

Sin acceso a un espacio fijo ni oportunidades laborales, estos músicos urbanos se han dispersado por distintas calles de la ciudad, enfrentando no solo la incertidumbre económica, sino también la indiferencia de muchos transeúntes. Para ellos, cada moneda representa alimento diario, una comida que depende directamente de la solidaridad de quienes los escuchan, aunque sea por unos segundos.
Esta situación pone sobre la mesa la necesidad de mirar con empatía a quienes viven del arte en la vía pública. Lejos de ignorarlos, ciudadanos hacen un llamado a reconocer su esfuerzo y brindar apoyo, recordando que pequeños gestos pueden marcar la diferencia. En una ciudad llena de cultura y tradición, sus voces también forman parte del paisaje que merece respeto y consideración.
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