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Cultura

Sheinbaum anuncia que 2026 será el año de Margarita Maza, la mujer que acompañó la Reforma y el exilio de Juárez

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Durante la conferencia mañanera, la mandataria explicó que este reconocimiento busca rescatar la figura histórica de Maza Parada, frecuentemente reducida a su papel como esposa de Juárez, pese a su destacada participación y sacrificios durante el periodo de Reforma, la guerra interna y la Intervención Francesa.

Sheinbaum señaló que a lo largo del 2026 se promoverá la difusión de la vida y legado de Margarita Maza a través de programas educativos, actividades culturales y contenidos históricos que destaquen su compromiso con el liberalismo y su acompañamiento en las etapas más complejas del México del siglo XIX. La presidenta adelantó que en un futuro también podría dedicarse un año a la mujer afromexicana, por su importancia histórica en regiones como la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero.

Margarita Eustaquia Maza Parada, nacida el 29 de marzo de 1826 en Oaxaca, enfrentó una vida marcada por la lucha política, el exilio y la tragedia familiar, al perder a cinco de sus doce hijos. Considerada por el pueblo como “la madre del pueblo”, Maza fue primera dama entre 1858 y 1872, periodo decisivo para la construcción de las instituciones nacionales. Su muerte, ocurrida el 2 de enero de 1871 tras ser diagnosticada con cáncer, dejó un profundo impacto en la vida de Juárez y en la historia nacional, motivo por el cual el Gobierno de México busca reivindicar su figura en el próximo año.

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Cultura

Por qué Guanajuato es Patrimonio de la Humanidad

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Guanajuato capital fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988 debido a su valor histórico, arquitectónico y cultural excepcional. La ciudad surgió y creció alrededor de la minería de la plata, actividad que la convirtió en uno de los centros económicos más importantes del mundo durante los siglos XVII y XVIII. Este origen minero dio forma a una traza urbana única, adaptada a un terreno montañoso, con calles estrechas, túneles, callejones y plazas que reflejan una relación directa entre el paisaje natural y la acción humana.

Otro de los elementos clave para esta distinción es su arquitectura. Guanajuato conserva un conjunto notable de edificios civiles y religiosos de estilos barroco y neoclásico, como la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el Teatro Juárez y la Universidad de Guanajuato. Estas construcciones no solo destacan por su belleza, sino por el alto grado de conservación que mantiene el centro histórico, lo que permite entender cómo se vivía y se organizaba la ciudad en la época virreinal.

Finalmente, Guanajuato es Patrimonio de la Humanidad porque es portadora de una identidad cultural viva. Sus tradiciones, como las callejoneadas, el Festival Internacional Cervantino y su intensa vida universitaria, mantienen vigente su herencia histórica. No se trata solo de edificios antiguos, sino de una ciudad que conserva su memoria, su simbolismo y su relevancia cultural, razones por las que el mundo reconoce en Guanajuato un valor que pertenece a toda la humanidad.

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Cultura

Presa de la Olla: origen y tradición

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La Presa de la Olla es uno de los referentes históricos más importantes de Guanajuato capital, una obra que nació de la necesidad urgente de abastecer de agua a una ciudad en constante crecimiento durante la época colonial. Su construcción respondió a los problemas recurrentes de escasez que enfrentaba una población cuya vida económica giraba en torno a la minería y que dependía de fuentes de agua irregulares.

La presa fue concluida en 1749 por disposición de las autoridades locales de la Nueva España, con el propósito de captar y almacenar el agua de lluvia para su posterior distribución entre la población. La compleja geografía de Guanajuato, asentada en una cañada, hacía indispensable contar con una infraestructura capaz de regular el suministro hídrico, tanto para el consumo doméstico como para las actividades productivas. Durante más de un siglo, la Presa de la Olla fue una de las principales fuentes de agua para la ciudad.

Con el tiempo, la presa dejó de ser únicamente una obra hidráulica para convertirse en un espacio con un fuerte significado social. Desde sus primeros años surgió la práctica de abrir sus compuertas de manera periódica, una acción necesaria para liberar el excedente de agua y limpiar los cauces naturales. Este acto técnico comenzó a atraer a la población, que veía en la apertura una señal del inicio del temporal de lluvias.

A lo largo del siglo XIX, la apertura de la Presa de la Olla se transformó en una tradición profundamente arraigada. Lo que inició como una maniobra de mantenimiento se convirtió en una celebración colectiva, acompañada de música, convivencia familiar y la presencia de autoridades civiles. La ceremonia, realizada generalmente entre junio y julio, quedó integrada al calendario cultural de Guanajuato como una de sus festividades más antiguas.

Alrededor de la presa se desarrollaron también otras prácticas sociales. El sitio se volvió un punto habitual de reunión, paseo y recreación, especialmente los fines de semana. La creación de jardines y espacios públicos en su entorno reforzó su papel como lugar de encuentro para distintas generaciones de guanajuatenses.

En la actualidad, aunque la Presa de la Olla ya no cumple la función central de abastecimiento de agua que tuvo en el pasado, su valor histórico permanece intacto. La apertura anual continúa realizándose como un acto simbólico que conecta a la ciudad con su pasado y recuerda la importancia del agua en su historia. Esta tradición representa un vínculo vivo entre la herencia colonial y la identidad contemporánea de Guanajuato, y subraya la relevancia de preservar tanto el patrimonio material como las costumbres que lo mantienen vigente.

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Cultura

Los orígenes de la gran ciudad maya

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Antes de que El Castillo, también conocido como el Templo de Kukulkán, se convirtiera en el elemento dominante de la traza urbana de Chichén Itzá, el sitio ya había sido ocupado por una ciudad consolidada, habitada durante generaciones por la élite maya. Este primer núcleo urbano sentó las bases del desarrollo posterior de la ciudad como uno de los principales centros ceremoniales de Mesoamérica. A ese conjunto primigenio se le conoce actualmente como Chichén Viejo o Grupo de la Serie Inicial.

Chichén Viejo está conformado por un conjunto de 25 estructuras distribuidas alrededor de dos plazas principales, edificadas sobre un amplio basamento amurallado. Esta disposición arquitectónica revela la existencia de un orden urbano temprano, así como una planificación cuidadosa del espacio, mucho antes del auge monumental que caracteriza a la zona más conocida del sitio arqueológico.

Entre las edificaciones que integran este conjunto se encuentran el Templo de los Búhos, el Palacio de los Falos y la Casa de los Caracoles. Sus formas y funciones reflejan una arquitectura compleja de carácter residencial y ritual, que anticipa el esplendor que Chichén Itzá alcanzaría siglos después. Estos edificios no solo dan cuenta de la vida cotidiana y del ejercicio del poder entre los antiguos habitantes del lugar, sino que también permiten observar los primeros rasgos de la organización social y política de la ciudad.

Los vestigios conservados en Chichén Viejo corresponden a las fases formativas del asentamiento, con elementos constructivos y simbólicos que se remontan al periodo comprendido entre los años 600 y 900 de nuestra era. Su estudio ha permitido a los especialistas reconstruir los orígenes de Chichén Itzá y comprender cómo esta ciudad evolucionó, a partir de un núcleo inicial bien estructurado, hasta convertirse en uno de los centros más influyentes del mundo maya.

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