Guanajuato Capital
Encapuchados que viajaban en una camioneta roja sin placas y logo del PT sembraron el pánico y la violencia física durante la jornada electoral en Guanajuato capital.
Este domingo 2 de junio no eran ni las 9 de la mañana cuando sujetos encapuchados a bordo de una camioneta roja Ford 150 pickup sin placas y con un logotipo del partido del trabajo, atacaron físicamente al reportero Emmanuel Mena, al que embistieron con la unidad momento en el que abrieron la puerta para golpear al compañero.

Esto es tipificado como un homicidio en grado de tentativa ya que se utilizó la camioneta roja sin placas como un arma mortal al agredir a este reportero por la espalda. Minutos después, estos mismos sujetos encapuchados viajando en la unidad descrita intentaron atacar a la compañera Mayra Vázquez y a Diego Hernández, sin embargo, la reacción inmediata de los reporteros impidió que estos sujetos, al menos el copiloto que ya se había bajado con un bastón retráctil, no cometieran la agresión.

Cabe señalar que este intento de ataque se llevó a cabo a la altura del auditorio de La Colmena, donde se encontraba el secretario de Seguridad Ciudadana, Samuel Ugalde, al que se le presentó el reporte de estos sujetos encapuchados y la camioneta roja sin placas, sin embargo, el funcionario, al ver que se trataba de trabajadores de TV Guanajuato salió con la gracejada de que pues ahorita no lo molestaran que no estaba chambeando porque había ido a votar.
El titular de la dependencia que debe de velar por la integridad de los ciudadanos simple y sencillamente dejó en claro que para él hay ciudadanos de primera, de segunda y el resto que no merece ni su atención.
La camioneta roja sin placas fue localizada al interior del panteón nuevo, Virgen de la Luz, escondida hasta el fondo a la izquierda, lo que comprobaría que los sujetos encapuchados y golpeadores que usan un logo del PT están más que en contubernio con las autoridades municipales, quienes administran los panteones.
Cultura
Plaza de la paz: una de las plazas más antiguas de Guanajuato capital
La Plaza de la Paz, considerada durante décadas como la plaza principal de Guanajuato antes de la consolidación del Jardín Unión como centro neurálgico, es uno de los espacios urbanos más antiguos y significativos de la ciudad.
Su conformación como plaza pública data de mediados del siglo XIX, cuando en 1865 se llevaron a cabo obras formales para organizar un espacio abierto destinado al tránsito, la reunión y el ejercicio de la vida cívica en el entonces Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato.
La elección de ese sitio como plaza principal no fue producto del azar. Desde la época colonial, en esa zona convergían diversas calles, callejones y sendas que conectaban con los barrios circundantes, por lo que el terreno, aunque inclinado e irregular, funcionaba como punto de encuentro natural para la vida urbana. Además, estaba frente a la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, lo que confería al lugar un valor simbólico tanto religioso como cívico.



Durante buena parte del siglo XIX, la plaza fue escenario de acontecimientos políticos y sociales relevantes. En 1858, por ejemplo, el presidente Benito Juárez utilizó este espacio para declarar provisionalmente a Guanajuato como capital de la República, un hecho que marcó la importancia política de la ciudad en ese periodo de la historia nacional.
El nombre Plaza de la Paz se consolidó a finales de la centuria con la instalación de un monumento emblemático. En 1897 se levantó en su centro una escultura que representa a la Paz, obra del escultor mexicano Jesús Contreras. Esta pieza fue inaugurada oficialmente el 27 de octubre de 1903 por el presidente Porfirio Díaz, con motivo del centenario del fin de la Guerra de Independencia, lo que reforzó su carácter conmemorativo y le dio nombre a todo el espacio urbano.
El diseño de la plaza, con su forma triangular adaptada al terreno desnivelado, fue completado con jardines, áreas de paseo y laterales flanqueados por edificios de arquitectura colonial y decimonónica. En sus alrededores se alzan residencias y palacios de familias acaudaladas de la época, así como importantes sedes administrativas y religiosas. Esto explica por qué, durante mucho tiempo, fue también conocida como Plaza Mayor o plaza principal, antes de que el crecimiento urbano desplazara el centro de actividades hacia otras partes del casco histórico.

A lo largo del siglo XX, la plaza conservó su relevancia como punto de reunión social y como escenario de eventos cívicos, turísticos y culturales. Su ubicación estratégica en el corazón del centro histórico permite observar la convivencia entre el patrimonio arquitectónico, la vida diaria y el dinamismo urbano contemporáneo.
La historia de la Plaza de la Paz concentra en un mismo espacio la evolución de Guanajuato desde ciudad minera colonial hasta capital estatal, así como las transformaciones políticas y sociales del México decimonónico y moderno. Su construcción, su diseño, los acontecimientos que la han atravesado y el monumento que le da nombre forman un conjunto de referencias que ayudan a comprender cómo se construyó la identidad urbana de Guanajuato a lo largo de más de siglo y medio.
Cultura
Jardín Florencio Antillón: uno de los espacios más bellos de Guanajuato Capital
El jardín situado en el Paseo de la Presa, conocido tradicionalmente como el Jardín Florencio Antillón, forma parte de la configuración urbana desarrollada alrededor de la Presa de la Olla desde el siglo XIX.
Su origen está estrechamente ligado a los proyectos de modernización y embellecimiento impulsados durante el Porfiriato, etapa en la que Guanajuato emprendió obras de mejora en infraestructura, espacios públicos y vialidades.
La zona del Paseo de la Presa comenzó a consolidarse como un corredor recreativo desde mediados del siglo XIX, cuando la Presa de la Olla adquirió popularidad como espacio de convivencia social. En este contexto, surgió la necesidad de crear áreas verdes ornamentales que complementaran la función recreativa del lugar.


El jardín fue trazado con la intención de ofrecer un espacio de descanso y paseo para los habitantes y visitantes que acudían a la presa, especialmente durante las celebraciones del Día de la Presa, instauradas formalmente en 1747 pero popularizadas en el siglo XIX como evento cívico y social.
El jardín lleva el nombre de Florencio Antillón en honor al destacado militar y político guanajuatense que desempeñó un papel crucial durante la segunda mitad del siglo XIX. Antillón, gobernador del estado entre 1867 y 1876, promovió diversas obras públicas, reorganizó la administración estatal y apoyó el embellecimiento urbano, por lo que su nombre quedó asociado a diversos espacios públicos.
A lo largo del tiempo, el jardín ha sufrido modificaciones propias del crecimiento urbano. Sin embargo, ha conservado su función como espacio de encuentro comunitario en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Sus senderos, bancas y áreas arboladas mantienen el carácter tradicional de los jardines decimonónicos, pensados como puntos de contemplación y convivencia tranquila. Asimismo, su ubicación estratégica, cercana a construcciones históricas como la antigua Casa de las Brujas y al inicio del camino hacia la Presa de San Renovato, lo convierte en un nodo importante dentro del paisaje histórico de la capital.

Hoy, el jardín del Paseo de la Presa continúa siendo parte del imaginario social guanajuatense. Es un sitio que combina valor histórico, memoria colectiva y vida cotidiana, representando la transición de Guanajuato hacia una ciudad que, en el siglo XIX, comenzó a abrir espacios públicos más formales y accesibles, destinados al esparcimiento y a la integración social.
Cultura
El templo de Guadalupe en Guanajuato capital
El Templo de Guadalupe, ubicado en la calzada del mismo nombre en Guanajuato capital, es uno de los recintos religiosos más representativos del crecimiento urbano que acompañó a la ciudad durante el siglo XIX.
Su origen está estrechamente ligado al impulso que tuvo la devoción guadalupana en todo el país después de la Independencia, cuando diversos barrios y ciudades comenzaron a levantar templos dedicados a la Virgen de Guadalupe como expresión de identidad nacional y religiosa.
La construcción del templo se inició en la segunda mitad del siglo XIX, aunque algunos registros sugieren que ya existía en el lugar una pequeña capilla dedicada a la Virgen antes de la consolidación del edificio actual. La ubicación no fue casual: la Calzada de Guadalupe, uno de los accesos más antiguos hacia la zona histórica de Guanajuato, era transitada por peregrinos y comerciantes, lo que hacía del sitio un punto idóneo para establecer una iglesia dedicada a la patrona de México.
El estilo arquitectónico del templo refleja las características predominantes de la época, con elementos sobrios propios de un periodo de transición entre lo colonial tardío y las tendencias neoclásicas que se expandieron en la región. A lo largo del tiempo, el templo ha recibido diversas intervenciones de mantenimiento y adecuación, principalmente en su fachada y en el área del atrio, pero sin modificaciones radicales que alteraran su esencia.


Durante décadas, el templo funcionó como centro religioso del barrio y como uno de los lugares de reunión más importantes en torno a las festividades del 12 de diciembre. Familias, comerciantes y peregrinos de las comunidades cercanas acudían año con año, consolidando una tradición que forma parte del tejido cultural de la ciudad.
Aunque no existen registros de un abandono prolongado, sí se sabe que, como muchos templos históricos de Guanajuato, tuvo periodos de menor actividad o de uso limitado, especialmente durante momentos de inestabilidad política o económica. No obstante, la comunidad mantuvo vivo el culto y promovió el cuidado del recinto, lo que permitió su conservación hasta el presente.
Hoy en día, el Templo de Guadalupe continúa siendo un punto de referencia identitaria para los habitantes de la Calzada de Guadalupe y sus alrededores. Su presencia fortalece la memoria colectiva del barrio, recordando el desarrollo urbano del siglo XIX y la evolución de las prácticas religiosas en la ciudad.
A pesar del crecimiento del tránsito vehicular y los cambios en el paisaje urbano, la iglesia se mantiene como un testimonio de la vida comunitaria que ha dado forma a Guanajuato a lo largo de más de un siglo.
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