Cultura
La interrupción voluntaria del embarazo: una práctica ancestral en México
La interrupción voluntaria del embarazo ha sido una realidad en diversas sociedades humanas desde tiempos remotos. En el caso del México prehispánico, aunque no existen registros precisos que permitan determinar la frecuencia exacta ni los métodos utilizados, hay evidencias documentales que sugieren que esta práctica formaba parte de los saberes tradicionales de las comunidades.
Las fuentes más tempranas provienen de cronistas españoles, quienes tras la llegada a estas tierras en el siglo XVI, registraron que las mujeres indígenas poseían conocimientos para interrumpir la gestación. Estos saberes se encontraban principalmente en manos de las parteras, figuras centrales en la vida comunitaria, encargadas no solo de atender nacimientos, sino también de cuidar la salud reproductiva de las mujeres.
Las parteras utilizaban métodos herbales basados en plantas con propiedades medicinales y abortivas, cuya preparación y dosificación requerían un amplio conocimiento empírico transmitido de generación en generación. Estas técnicas podían responder a motivos de salud, planificación familiar y, en algunos casos, estaban relacionadas con creencias y rituales que formaban parte de la cosmovisión indígena.
Diversas investigaciones etnohistóricas señalan que en culturas como la mexica o la maya, el uso de plantas medicinales tenía un profundo vínculo con la medicina tradicional y con el papel social de la mujer. La interrupción del embarazo no necesariamente estaba asociada a un estigma moral, sino que podía ser entendida como una decisión legítima dentro del marco cultural de cada pueblo.
Con la llegada de los conquistadores y la instauración del régimen colonial, estas prácticas se enfrentaron a un cambio drástico, pues la visión europea, influida por la doctrina cristiana, consideraba el aborto un pecado y un delito, lo que derivó en su persecución legal y en la marginación del conocimiento tradicional. A pesar de ello, los testimonios históricos muestran que estas técnicas no desaparecieron por completo y continuaron ejerciéndose de forma discreta en distintas comunidades.
La interrupción voluntaria del embarazo en el México antiguo no es un fenómeno nuevo ni ajeno a nuestra historia. Aunque los datos disponibles provienen en su mayoría de observadores externos y no siempre reflejan la perspectiva indígena, permiten afirmar que existían saberes consolidados para llevarla a cabo.
Las parteras, con sus conocimientos herbales y su papel protagónico en la salud de las mujeres, fueron guardianas de una tradición que, pese a las transformaciones sociales y legales, dejó una huella perdurable en la historia cultural de México.
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El aborto en la época prehispánica. (2024, July 19). Inah.gob.mx. https://inah.gob.mx//especiales-inah/reportajes/el-aborto-en-la-epoca-prehispanica
Cultura
Las tres caídas: un símbolo de fe, esfuerzo y resiliencia para Guanajuato.
Para los guanajuatenses, las tres caídas de Jesús durante el Viacrucis no solo representan un pasaje bíblico, sino un reflejo profundo de la vida cotidiana. Cada caída simboliza las dificultades, tropiezos y momentos duros que enfrenta la gente, especialmente en un estado donde el trabajo, el esfuerzo y la lucha diaria forman parte de la identidad de sus habitantes.



La primera caída suele interpretarse como el inicio del sufrimiento, ese primer golpe de realidad que enfrenta cualquier persona. La segunda, como el peso acumulado de los problemas que parecen no tener fin. Y la tercera caída representa el límite humano, cuando todo parece perdido, pero aun así se encuentra la fuerza para levantarse una vez más. Esta interpretación conecta directamente con la vida de muchas familias que, pese a las adversidades económicas o sociales, siguen adelante.
En el contexto de tradiciones como el Viacrucis en lugares como Marfil o la capital, estas caídas adquieren un significado aún más cercano: son un recordatorio de resistencia, fe y comunidad. Para muchos, no se trata solo de religión, sino de identidad; una manera de entender que caer es parte del camino, pero levantarse es lo que realmente define a las y los guanajuatenses.
Cultura
“Jueves Santo en Guanajuato: tradición que convierte la fe en identidad viva”
En Guanajuato capital, el Jueves Santo es una de las celebraciones más significativas de la Semana Santa, no solo por su origen religioso, sino por la manera en que la ciudad entera se involucra en una tradición que viene desde la época colonial.



Esta fecha recuerda la Última Cena de Jesucristo y el inicio del Triduo Pascual, pero en el contexto guanajuatense adquiere un valor especial: las calles del centro histórico, rodeadas de templos virreinales, se transforman en escenarios donde la fe, la historia y la cultura se entrelazan en una misma experiencia colectiva.
La práctica más representativa es la visita a los siete templos, una costumbre profundamente arraigada que simboliza el recorrido de Jesús antes de su crucifixión. Durante esta jornada, cientos de familias recorren iglesias del centro histórico, participando en rituales como la oración, el encendido de veladoras y la recepción de alimentos tradicionales como pan bendito o agua de manzanilla.
Este recorrido no solo tiene un sentido espiritual, sino también social, ya que fortalece la convivencia y mantiene viva una tradición que ha pasado de generación en generación.
Más allá de lo religioso, el Jueves Santo en Guanajuato capital es una expresión de identidad. Forma parte de un conjunto de celebraciones que reflejan la herencia cultural de la ciudad y su fuerte arraigo católico, consolidándola como un referente del turismo religioso en México. Sin embargo, para los habitantes, esta fecha va más allá de lo turístico: representa una conexión directa con sus raíces, una forma de preservar su historia y de reafirmar, año con año, el sentido de comunidad que define a Guanajuato.
Apoyo Social
Voces que resisten en las calles de Guanajuato: entre la necesidad y la indiferencia.
En las calles de Guanajuato capital, una persona adulta mayor entona canciones todos los días para ganarse el sustento, recordando que detrás de cada voz hay una historia de esfuerzo y supervivencia. Como él, decenas de personas encontraban en espacios como el Mercado Hidalgo una oportunidad digna para obtener algunas monedas, pero hoy esa realidad ha cambiado tras ser retirados de ese lugar.

Sin acceso a un espacio fijo ni oportunidades laborales, estos músicos urbanos se han dispersado por distintas calles de la ciudad, enfrentando no solo la incertidumbre económica, sino también la indiferencia de muchos transeúntes. Para ellos, cada moneda representa alimento diario, una comida que depende directamente de la solidaridad de quienes los escuchan, aunque sea por unos segundos.
Esta situación pone sobre la mesa la necesidad de mirar con empatía a quienes viven del arte en la vía pública. Lejos de ignorarlos, ciudadanos hacen un llamado a reconocer su esfuerzo y brindar apoyo, recordando que pequeños gestos pueden marcar la diferencia. En una ciudad llena de cultura y tradición, sus voces también forman parte del paisaje que merece respeto y consideración.
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