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Tradiciones

Cuando la compuerta se abre, la tradición fluye: ¿Ya estas listo para volver a la presa de la olla?

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El agua no solo corre, también recuerda. Cada primer lunes de julio, una ciudad entera se reúne para ver cómo se abre una compuerta. Al ritmo del Vals sobre las olas de Juventino Rosas, y con el tradicional pañuelo blanco ondeando en el aire, desde hace más de dos siglos, Guanajuato aprendió a convertir una necesidad hidráulica en un ritual cargado de historia, música y comunidad.

Entre los años 1737 y 1741, orillados ante la severa escasez de agua, las autoridades identificaron la necesidad urgente de construir una presa para abastecer la ciudad. ¿El lugar elegido? El entonces rancho “La Olla”, que fue seleccionado como el sitio ideal. En 1741 se presentó oficialmente el proyecto y se solicitó permiso al virrey de la Nueva España. En ese mismo año se inició la construcción bajo la administración del alcalde mayor Don Juan Jiménez, con apoyo financiero del marqués Vicente de Sardineta. En 1747 la presa ya estaba captando agua, sin embargo, no fue hasta 1749 donde se concluyó formalmente la construcción.

Para 1750, se realizó la primera limpieza del cauce del río con la apertura de compuertas, lo cual coincidió con un acto público. La apertura de las compuertas era originalmente un acto hidráulico práctico, pero el hecho de que la gente se reuniera a verlo y que participaran bandas y ferias empezó a formar parte de una tradición espontánea que se fortaleció con los años.

A más de dos siglos y medio viendo como el agua corre, la tradición sigue vigente. Acompañados de coloridos juegos mecánicos pintando el panorama, el aroma de los puestos de comida típica flotando en el aire y la música regional y folclórica, los guanajuatenses se reúnen alrededor de la presa para ver el agua fluir en una fiesta que se ha vuelto parte de la cultura del municipio.

Para los habitantes, el agua representa la sustancia vital que permitió que la ciudad prosperara. Un símbolo de un comienzo que revitaliza tanto la tierra como el espíritu colectivo.

Este primer lunes 7 de julio, a la 1:00 p.m., te invitamos a unirte a la tradicional apertura de las compuertas. Encabezada por la gobernadora Libia Denisse García Muñoz Ledo, quien dará el banderazo con el pañuelo blanco. Alrededor del Parque Florencio Antillón se instalarán más de 120 puestos de comida, artesanías y juegos mecánicos. Y más tarde, a las 5 p.m. tras la apertura, habrá un show musical en la Ex-Estación del Ferrocarril, con Los Grandes Potrillos del Bajío y Academia Selecta DH.

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Tradiciones

La cajeta de San Juan: un dulce que encanta en Guanajuato

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La cajeta de San Juan de los Lagos tiene su origen en un contexto histórico marcado por la vida rural y las rutas de peregrinación que, desde la época colonial, dieron forma a la identidad del occidente de México.

Su nacimiento está ligado a la introducción del ganado caprino y bovino por los españoles durante el siglo XVI, cuando la región de Los Altos de Jalisco comenzó a consolidarse como una importante zona ganadera. La abundancia de leche llevó a las comunidades locales a desarrollar métodos para aprovecharla y conservarla, dando lugar a diversos dulces elaborados mediante la cocción prolongada, entre ellos la cajeta.

Desde sus inicios, la cajeta fue un producto de carácter doméstico: se elaboraba en cocinas familiares como una forma de conservar la leche por más tiempo, utilizando azúcar o piloncillo y un proceso lento que requería paciencia y conocimiento. Este método permitió obtener un dulce resistente al paso de los días, ideal para transportarse sin descomponerse, una característica que resultaría clave en su posterior difusión.

A medida que miles de fieles comenzaron a llegar cada año, el poblado se transformó en un punto de intercambio cultural y comercial. Los habitantes locales vieron en la cajeta una oportunidad para ofrecer a los peregrinos un alimento energético y duradero, adecuado para los largos trayectos de regreso.

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Con el paso del tiempo, la venta de cajeta dejó de ser una actividad ocasional y se convirtió en una tradición económica familiar. Durante los siglos XVIII y XIX, su presencia se volvió habitual en las inmediaciones del santuario y en los caminos que conducían a la ciudad. La cajeta comenzó a identificarse no solo como un dulce, sino como un recuerdo del viaje, un objeto cargado de simbolismo religioso y afectivo.

Entonces las peregrinaciones jugaron un papel fundamental en la difusión del producto al llevar cajeta a sus lugares de origen, los peregrinos contribuyeron a darla a conocer en distintas regiones del país, asociándola directamente con San Juan de los Lagos. Así, el dulce trascendió su función alimentaria y se integró al imaginario colectivo como parte inseparable de la experiencia de fe.

En la actualidad, la cajeta de San Juan de los Lagos sigue siendo un referente de su historia y tradición. Aunque su producción se ha adaptado a nuevas formas de comercialización, conserva el valor simbólico que le otorgaron siglos de peregrinaciones.

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Tradiciones

Peregrinación a San Juan de los Lagos: una tradición llena de fe

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Durante estas fechas, particularmente entre finales de enero y los primeros días de febrero, miles de personas emprenden la marcha hacia San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, en una de las peregrinaciones religiosas más antiguas y concurridas de México.

La razón principal de estas peregrinaciones es la devoción a la Virgen de San Juan de los Lagos, cuya veneración se remonta al siglo XVII. De acuerdo con la tradición, en el año 1623 ocurrió el primer milagro atribuido a la imagen: la resurrección de una niña que había muerto tras un accidente durante una función acrobática. A partir de ese acontecimiento, la imagen comenzó a ser considerada milagrosa y el pequeño poblado se transformó en un centro de peregrinación regional.

Con el paso del tiempo, la afluencia de fieles creció de manera constante y las caminatas se institucionalizaron como una práctica religiosa popular. La peregrinación se intensifica en esta temporada debido a la cercanía del 2 de febrero, Día de la Candelaria, fecha clave en el calendario católico, cuando se conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo. Para muchos creyentes, llegar al santuario en estos días tiene un significado especial de renovación espiritual y agradecimiento.

La marcha a San Juan de los Lagos se convirtió, además, en una tradición heredada de generación en generación. Para numerosos peregrinos, el trayecto representa un acto de sacrificio, penitencia o gratitud por favores recibidos, principalmente relacionados con la salud, el trabajo o la protección familiar. Estados como Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y Michoacán concentran una parte importante de los contingentes que participan cada año.

Más allá del ámbito religioso, estas peregrinaciones también tienen un profundo impacto social y cultural. A lo largo de las rutas, comunidades enteras se organizan para brindar apoyo a los caminantes, ofreciendo agua, alimentos, atención médica básica y espacios de descanso. Esta red de solidaridad refuerza el sentido comunitario y convierte la marcha en un fenómeno colectivo que trasciende la fe individual.

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Hoy, caminar a San Juan de los Lagos en estas fechas sigue siendo una expresión viva de la religiosidad popular en México. La tradición combina historia, devoción y convivencia social, y refleja la manera en que la fe ha moldeado prácticas culturales que, siglos después, continúan marcando el ritmo de la vida en el Bajío y en buena parte del occidente del país.

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Cultura

Presa de la Olla: origen y tradición

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La Presa de la Olla es uno de los referentes históricos más importantes de Guanajuato capital, una obra que nació de la necesidad urgente de abastecer de agua a una ciudad en constante crecimiento durante la época colonial. Su construcción respondió a los problemas recurrentes de escasez que enfrentaba una población cuya vida económica giraba en torno a la minería y que dependía de fuentes de agua irregulares.

La presa fue concluida en 1749 por disposición de las autoridades locales de la Nueva España, con el propósito de captar y almacenar el agua de lluvia para su posterior distribución entre la población. La compleja geografía de Guanajuato, asentada en una cañada, hacía indispensable contar con una infraestructura capaz de regular el suministro hídrico, tanto para el consumo doméstico como para las actividades productivas. Durante más de un siglo, la Presa de la Olla fue una de las principales fuentes de agua para la ciudad.

Con el tiempo, la presa dejó de ser únicamente una obra hidráulica para convertirse en un espacio con un fuerte significado social. Desde sus primeros años surgió la práctica de abrir sus compuertas de manera periódica, una acción necesaria para liberar el excedente de agua y limpiar los cauces naturales. Este acto técnico comenzó a atraer a la población, que veía en la apertura una señal del inicio del temporal de lluvias.

A lo largo del siglo XIX, la apertura de la Presa de la Olla se transformó en una tradición profundamente arraigada. Lo que inició como una maniobra de mantenimiento se convirtió en una celebración colectiva, acompañada de música, convivencia familiar y la presencia de autoridades civiles. La ceremonia, realizada generalmente entre junio y julio, quedó integrada al calendario cultural de Guanajuato como una de sus festividades más antiguas.

Alrededor de la presa se desarrollaron también otras prácticas sociales. El sitio se volvió un punto habitual de reunión, paseo y recreación, especialmente los fines de semana. La creación de jardines y espacios públicos en su entorno reforzó su papel como lugar de encuentro para distintas generaciones de guanajuatenses.

En la actualidad, aunque la Presa de la Olla ya no cumple la función central de abastecimiento de agua que tuvo en el pasado, su valor histórico permanece intacto. La apertura anual continúa realizándose como un acto simbólico que conecta a la ciudad con su pasado y recuerda la importancia del agua en su historia. Esta tradición representa un vínculo vivo entre la herencia colonial y la identidad contemporánea de Guanajuato, y subraya la relevancia de preservar tanto el patrimonio material como las costumbres que lo mantienen vigente.

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Seguridad

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