El PRI, el llamado partidazo, la consagración de la familia revolucionaria, gobernó con holgura y gran poder durante décadas, debido a una disciplina interna que los mantuvo unidos a pesar de sus diferencias más irreconciliables.

Gobernó rebosante de poder prácticamente desde 1929, como el Partido Nacional Revolucionario, PNR, hasta el año 2000, y regresó por sus fueros en 2012.

Esa disciplina, tal si fuera código de honor de la mafia, hizo que el PRI pudiera siempre sortear o deshacerse de sus opositores, sin embargo, por muy enemigos que fueran al interior del partido, entre ellos se protegían y cubrían las espaldas. Hacían valer sus pactos de impunidad. Al priismo se le aplica perfectamente esa frase de “es un hijo de la chingada, pero es nuestro hijo de la chingada”.

 

Institucionalizar un país devastado por una revolución y luchas de poder internas, hizo que los gobiernos manados del PRI tuvieran resultados, claro, construyeron sobre lo destruido y cualquier avance era meritorio.

 

Luego, a mediados del siglo pasado, vino el llamado desarrollo estabilizador, una economía que crecía y daba oportunidades de mejor calidad de vida a los mexicanos desde una esencia social.

El país conoció una etapa de gran avance y estabilidad, de oportunidades y con una visión de futuro prometedora, pero le cayó la maldición del sometimiento a los Estados Unidos, y el desarrollo estabilizador fue cambiado por el modelo neoliberal, es decir, se eliminó la esencia social y se le dio entrada al capitalismo suicida: el neoliberalismo, que es la serpiente que se muerde la cola.

Le tocó a Miguel de la Madrid dar el giro hacia el neoliberalismo, no sin antes generar fracturas al interior del PRI. Recordemos cómo José López Portillo, por encono, nacionalizó la banca unos días antes de que De La Madrid iniciara su sexenio, de 1982 a 1988, lo que le dio al traste a la política económica del nuevo gobierno. El resultado: profundas crisis y una inflación que llegó al 186% anual.

Luego, con Carlos Salinas de Gortari, algo pasó, se rompieron los pactos de los jefes y grupos del partidazo, y en 1994 comenzaron a matarse entre ellos… Cayó Colosio, Ruiz Massieu, del diputado Muñoz Rocha hasta la fecha ni sus luces, entre otros que desaparecieron cuando el partidazo comenzó a dirimir sus diferencias a balazos.

Perdieron la presidencia en 2000 frente a Fox, aunque se reconfiguraron bajo el concepto del Nuevo PRI y regresaron en 2012 con Peña Nieto. Pero el Nuevo PRI era mera escenografía, y desde el 2018 viene en franco declive, el que ha llegado, incluso, a que pierda su registro en Quintana Roo.

Al otrora partidazo le queda un último aliento: el laboratorio electoral que será el Estado de México y Coahuila en 2023 para conocer si hay cenizas del Revolucionario Institucional que lo puedan hacer resurgir, o asistimos a un destino lapidario al cual parecen querer llevarlo sus propios correligionarios vendidos al nuevo partidazo: Morena.

Deneck Inzunza.

despirta guanjuato