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Guanajuato Capital

En el corazón de la ciudad de Guanajuato, donde las calles serpentean entre montañas y túneles, se encuentra el Puente de Tepetapa

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Con una altura de 19 metros, el puente fue una de las primeras estructuras de su tipo en México. ​

Su construcción data del siglo XVIII; si pudiera hablar, ¿qué diría?, en una época en la que la ciudad vivía su auge minero gracias a las riquezas extraídas, de la mina de La Valenciana y otras cercanas. Guanajuato está lleno de minas.

Originalmente, el puente fue erigido como parte de una solución a los constantes problemas de inundaciones que afectaban la zona. El río Guanajuato, que antiguamente corría por la ciudad, mismo que a día de hoy está entubado, solía desbordarse con frecuencia, dificultando el tránsito y dañando propiedades.

El Puente de Tepetapa se concibió para permitir el paso seguro entre barrios importantes, especialmente entre Tepetapa y el centro histórico. Construido por el arquitecto Juan de Dios Pérez, con un diseño colonial típico de la época, con un arco que no solo es estéticamente bello, sino también funcional para soportar el paso de carretas, caballos y burros, en ese entonces.

A lo largo de los siglos, fue reforzado y restaurado en diversas ocasiones, pero aún conserva buena parte de su estructura original.

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En la década de 1960, el río Guanajuato fue embovedado, y la zona bajo el puente se convirtió en una importante vialidad urbana. Además de su valor arquitectónico, el puente tiene una dimensión simbólica y cultural.

Durante la época del México independiente y revolucionario, fue testigo de marchas, movimientos sociales y festividades.

Hoy en día, es parte del paisaje cotidiano de locales y turistas, que cruzan sus arcos sin saber que están caminando sobre uno de los testigos más antiguos de la transformación urbana de Guanajuato.

Ahí mismo nació la leyenda de La Dama del Puente de Tepetapa:

Se dice que cuando el río Guanajuato aún corría a cielo abierto bajo el Puente de Tepetapa, los habitantes de la ciudad evitaban cruzarlo pasada la medianoche. No por la delincuencia ni por la oscuridad, sino por una figura que aparecía cuando la luna se reflejaba sobre el agua.

Según los vecinos, en las noches más tranquilas se escuchaban pasos suaves sobre la cantera del puente. Al asomarse, algunos aseguraban ver a una dama vestida de blanco, caminando lentamente de un extremo a otro del arco, mirando hacia el río, como si esperara algo… o a alguien.

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Cuenta la ley que esa mujer era Leonor, hija de un comerciante español que vivía en Tepetapa durante el siglo XIX.

Leonor se enamoró de un joven minero mestizo, llamado Tomás, que trabajaba en la mina de Rayas. Su amor era secreto, pues su padre no aprobaba la relación. Se veían cada noche justo en medio del puente, donde nadie más los podía escuchar, bajo la protección del murmullo del río.

Un día, Tomás no llegó. Se había producido un derrumbe en la mina, y él fue uno de los que nunca salieron.

Leonor lo esperó, noche tras noche, parada sobre el puente. Nunca volvió a amar y, según cuentan, murió de pena, arrojando su último suspiro justo donde solía encontrarse con su amado.

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¿Sabia usted cuál es el verdadero significado del 14 de febrero?

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Cada 14 de febrero celebramos el Día del Amor y la Amistad, pero pocos conocen su origen. Esta fecha tiene raíces en la antigua Roma, donde se conmemoraba a San Valentín, un sacerdote que, según la tradición, celebraba matrimonios en secreto cuando el emperador Claudio II había prohibido las bodas para los jóvenes soldados.

La historia cuenta que Valentín fue encarcelado y ejecutado un 14 de febrero por desafiar la orden imperial. Con el paso del tiempo, su figura se convirtió en símbolo del amor y la unión, y la fecha evolucionó hasta transformarse en la celebración que hoy conocemos.

Más allá de los regalos, flores y chocolates, el 14 de febrero también es una oportunidad para valorar las amistades, el cariño familiar y el amor propio. No se trata solo de parejas, sino de reconocer los vínculos que nos sostienen todos los días.

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Peligro en el corazón de la ciudad. Enorme bache amenaza a conductores en la Avenida Juárez

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Un enorme bache ubicado sobre la Avenida Juárez, justo frente a la tienda Telcel en pleno centro de Guanajuato, se ha convertido en un dolor de cabeza para automovilistas y peatones. El desperfecto, que ha ido creciendo con el paso de los días, representa un riesgo constante en una de las zonas con mayor circulación vehicular y comercial de la ciudad.
Conductores denuncian que el hoyo ha provocado daños en neumáticos y suspensiones, además de generar frenazos repentinos que ponen en peligro a quienes transitan por el área. Comerciantes de la zona aseguran que, pese a los reportes realizados a las autoridades municipales, el problema no ha sido atendido, lo que incrementa la molestia y preocupación entre vecinos y visitantes.
La situación resulta aún más alarmante al tratarse de una vialidad céntrica y altamente transitada, donde diariamente circulan turistas y habitantes. Ciudadanos exigen una pronta intervención para evitar accidentes mayores y garantizar la seguridad en una de las arterias principales del corazón capitalino

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La Plaza de la Paz de Guanajuato capital no siempre se llamó así:

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En la época colonial el espacio era conocido como Plaza Mayor o Plaza Principal, el corazón urbano donde se ubicaban las autoridades civiles y eclesiásticas del entonces Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, rodeada de palacios, casas de familias acaudaladas y la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato. Aquí incluso transitaban personajes como Miguel Hidalgo y Benito Juárez en momentos clave de la historia mexicana.

Fue a finales del siglo XIX cuando la plaza adquirió oficialmente su nombre actual. En 1897 se mandó erigir en el centro un Monumento a la Paz, diseño del escultor mexicano Jesús F. Contreras, hecho de bronce con base de cantera y mármol, para conmemorar el fin de la Guerra de Independencia de México. Esta obra se inauguró el 27 de octubre de 1903 por el entonces presidente Porfirio Díaz, marcando un cambio simbólico en el nombre del lugar hacia Plaza de la Paz.

La escultura representa una figura femenina que simboliza la paz, un homenaje a la culminación de un largo conflicto que llevó a la independencia del país y a la esperanza de estabilidad. La obra costó aproximadamente 27 619.93 pesos en su época, una suma importante para fines del siglo XIX, reflejando el valor que se quería dar a la idea de paz tras años de lucha.

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