Tradiciones
Peregrinación a San Juan de los Lagos: una tradición llena de fe
Durante estas fechas, particularmente entre finales de enero y los primeros días de febrero, miles de personas emprenden la marcha hacia San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, en una de las peregrinaciones religiosas más antiguas y concurridas de México.
Caminos y carreteras del Bajío, incluido Guanajuato, se llenan de fieles que avanzan a pie, en bicicleta o en grupos organizados, motivados por la fe y el cumplimiento de promesas.
La razón principal de estas peregrinaciones es la devoción a la Virgen de San Juan de los Lagos, cuya veneración se remonta al siglo XVII. De acuerdo con la tradición, en el año 1623 ocurrió el primer milagro atribuido a la imagen: la resurrección de una niña que había muerto tras un accidente durante una función acrobática. A partir de ese acontecimiento, la imagen comenzó a ser considerada milagrosa y el pequeño poblado se transformó en un centro de peregrinación regional.
Con el paso del tiempo, la afluencia de fieles creció de manera constante y las caminatas se institucionalizaron como una práctica religiosa popular. La peregrinación se intensifica en esta temporada debido a la cercanía del 2 de febrero, Día de la Candelaria, fecha clave en el calendario católico, cuando se conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo. Para muchos creyentes, llegar al santuario en estos días tiene un significado especial de renovación espiritual y agradecimiento.

La marcha a San Juan de los Lagos se convirtió, además, en una tradición heredada de generación en generación. Para numerosos peregrinos, el trayecto representa un acto de sacrificio, penitencia o gratitud por favores recibidos, principalmente relacionados con la salud, el trabajo o la protección familiar. Estados como Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y Michoacán concentran una parte importante de los contingentes que participan cada año.
Más allá del ámbito religioso, estas peregrinaciones también tienen un profundo impacto social y cultural. A lo largo de las rutas, comunidades enteras se organizan para brindar apoyo a los caminantes, ofreciendo agua, alimentos, atención médica básica y espacios de descanso. Esta red de solidaridad refuerza el sentido comunitario y convierte la marcha en un fenómeno colectivo que trasciende la fe individual.
Hoy, caminar a San Juan de los Lagos en estas fechas sigue siendo una expresión viva de la religiosidad popular en México. La tradición combina historia, devoción y convivencia social, y refleja la manera en que la fe ha moldeado prácticas culturales que, siglos después, continúan marcando el ritmo de la vida en el Bajío y en buena parte del occidente del país.
Ciudad
El Día de la Cueva: la tradición que cada 31 de julio reúne a miles en el Cerro de la Bufa.
Cada 31 de julio, el Cerro de la Bufa se llena de vida con la celebración del tradicional Día de la Cueva, una de las festividades más representativas de Guanajuato capital en honor a San Ignacio de Loyola. Esta tradición tiene su origen en la estancia del santo en una cueva de España, donde permaneció once meses, de marzo de 1522 a febrero de 1523, como parte de un acto de penitencia que con el tiempo dio origen a esta celebración.
A más de un siglo de distancia, la fiesta conserva su esencia y continúa congregando a miles de locales y turistas. Las kermeses, los puestos de antojitos, bebidas, artesanías y recuerdos, así como las tradicionales luchas libres y el recorrido hasta la cima del cerro, forman parte del ambiente festivo. Incluso los fuertes aguaceros que suelen sorprender a los asistentes no detienen la celebración; por el contrario, muchos consideran que terminar empapados es parte del encanto de esta emblemática tradición guanajuatense.
La memoria de esta festividad fue plasmada por Manuel Leal, destacado cronista, escritor, pintor y maestro nacido en Guanajuato capital en 1893, quien en 1960 retrató el Día de la Cueva como una de las expresiones más representativas de la identidad de la ciudad. Su legado artístico e histórico continúa preservando la historia y las costumbres de Guanajuato para las nuevas generaciones.
Ciudad
Rescatistas mexicanos recuperan 80 cuerpos tras los devastadores sismos en Venezuela.
La misión humanitaria enviada por México a Venezuela logró recuperar 80 cuerpos entre los escombros que dejaron los devastadores sismos registrados en ese país. El grupo, integrado por especialistas en búsqueda y rescate, trabaja en coordinación con autoridades venezolanas para apoyar las labores de emergencia en las zonas más afectadas.
Durante varios días, rescatistas mexicanos han utilizado equipo especializado, binomios caninos y herramientas de alta precisión para localizar víctimas atrapadas bajo estructuras colapsadas. Aunque la prioridad sigue siendo encontrar personas con vida, las tareas también se concentran en recuperar a quienes perdieron la vida y brindar certeza a sus familias.
Las autoridades destacaron la experiencia del personal mexicano en operaciones internacionales de rescate, una labor que ha sido reconocida en distintos desastres naturales alrededor del mundo. Además, reiteraron que la misión permanecerá en territorio venezolano mientras las condiciones y las necesidades de apoyo lo permitan.
El saldo de los sismos continúa en aumento y las labores de búsqueda siguen sin descanso. La participación de México forma parte de un esfuerzo internacional para atender la emergencia humanitaria y apoyar a las comunidades que quedaron devastadas por el desastre.
Ciudad
Una tradición que enciende el alma de Guanajuato: la Danza del Torito.
La Danza del Torito en Guanajuato capital es una de esas expresiones populares que no se encuentran en todos lados, sino que nacen y se mantienen vivas gracias a la identidad y la tradición de esta tierra minera. Es una fiesta que mezcla fe, cultura y comunidad, y que con el paso del tiempo se ha convertido en un símbolo muy propio del estado.

Su origen se remonta a la época colonial, cuando en los pueblos de Guanajuato comenzaron a realizarse celebraciones religiosas acompañadas de representaciones simbólicas entre el bien y el mal. En ese ambiente festivo surge el “torito”, una figura artesanal hecha de carrizo, madera o metal ligero, adornada con luces y fuegos artificiales, que representa la fuerza, el caos y el movimiento dentro de la celebración.
Con el tiempo, esta tradición se fue arraigando en los barrios de Guanajuato capital, especialmente durante fiestas patronales. La música de banda acompaña la danza mientras el torito “cobra vida” y corre entre la gente, generando emoción, nervios y alegría al mismo tiempo. Es un espectáculo donde la comunidad participa de forma directa, convirtiendo las calles en un escenario lleno de energía.
Hoy en día, la Danza del Torito sigue viva como una expresión cultural profundamente local, que refleja el espíritu festivo de Guanajuato. No es una danza que exista en todos lados, sino una tradición que pertenece a su gente, a sus barrios y a su historia, manteniendo encendida una costumbre que une generaciones entre la emoción, el riesgo y la celebración.
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