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Cultura

Mercado embajadoras: un espacio comercial tradicional

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El Mercado de Embajadoras es uno de los espacios comerciales tradicionales de Guanajuato capital y forma parte del proceso de modernización urbana que vivió la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX. Su historia está estrechamente vinculada al crecimiento de los barrios ubicados al sur del centro histórico y a la necesidad de ordenar el comercio popular en una zona que comenzaba a consolidarse como área habitacional y de tránsito.

El nombre de Embajadoras proviene del Paseo de las Embajadoras, vialidad histórica que corre paralela al cauce del antiguo río de Guanajuato. El término se relaciona con las “embajadas” o muros de contención construidos para encauzar el río y proteger las zonas urbanas de las constantes inundaciones que afectaron a la ciudad durante siglos. Con el tiempo, esta denominación se popularizó y terminó identificando tanto al paseo como al barrio y, posteriormente, al mercado.

La construcción del mercado se dio durante el Porfiriato, periodo caracterizado por la edificación de infraestructura pública destinada a mejorar la higiene, el abasto y la imagen urbana. El Mercado de Embajadoras fue inaugurado a inicios del siglo XX, alrededor de 1908, como parte de una política que buscaba sustituir los antiguos tianguis al aire libre por edificios formales que permitieran un mayor control sanitario y administrativo del comercio.

Desde su apertura, el mercado se convirtió en un punto fundamental para el abastecimiento de productos básicos, alimentos frescos y mercancías para los habitantes de los barrios cercanos. A diferencia de otros mercados más grandes o monumentales de la ciudad, Embajadoras mantuvo un carácter barrial, atendiendo principalmente a la población local y consolidándose como un espacio de convivencia cotidiana.

A lo largo del siglo XX, el mercado ha experimentado diversas transformaciones. Ha sido objeto de remodelaciones y adecuaciones para responder a las nuevas necesidades comerciales y sanitarias, aunque su función original se ha mantenido. Estos cambios reflejan la evolución de la vida urbana de Guanajuato y la adaptación de sus espacios tradicionales frente al crecimiento de la ciudad y la modernización del comercio.

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Hoy, el Mercado de Embajadoras conserva su valor histórico y cultural como uno de los centros de abasto más antiguos en funcionamiento en la capital. Más allá de su actividad comercial, representa la memoria de una etapa en la que Guanajuato buscó ordenarse, protegerse de las inundaciones y ofrecer espacios públicos acordes con las ideas de progreso de principios del siglo XX.

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Ciudad

¡Los túneles de Guanajuato se convierten en zona de riesgo!, vecinos exigen más seguridad y rescate de estos espacios.

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Guanajuato, Gto.- Los túneles de Guanajuato, orgullo arquitectónico y uno de los principales atractivos turísticos de la capital, hoy también son señalados por ciudadanos como espacios inseguros donde la delincuencia, el deterioro y la falta de vigilancia generan preocupación entre quienes los utilizan todos los días.

Los llamados “cristalazos” se han vuelto una constante en distintos puntos de la red de túneles, especialmente en el Ponciano Aguilar, donde automovilistas denuncian robos a vehículos estacionados pese a la instalación de cámaras y alumbrado. Los afectados aseguran que la vigilancia es prácticamente inexistente y que los delincuentes aprovechan la escasa presencia policial para actuar con rapidez.

Sin embargo, el problema no termina ahí. Habitantes advierten que varios túneles presentan iluminación deficiente, zonas completamente oscuras, humedad, grafitis, basura acumulada y coladeras en mal estado que representan un riesgo tanto para automovilistas como para peatones. A esto se suma la presencia frecuente de personas en situación de calle o individuos consumiendo sustancias, lo que incrementa la sensación de inseguridad.

La preocupación aumenta porque, dentro de los túneles, la señal de telefonía celular suele perderse en distintos tramos. En caso de una emergencia, un asalto o un accidente, pedir ayuda puede resultar prácticamente imposible. Ciudadanos consideran que estos espacios deberían contar con botones de emergencia, vigilancia permanente y recorridos constantes de elementos de seguridad para brindar una respuesta inmediata.

Paradójicamente, cientos de capitalinos utilizan diariamente los túneles como alternativa de estacionamiento debido a la falta de espacios en el Centro Histórico. Lo que debería ser una solución para la movilidad termina convirtiéndose en una preocupación constante por el riesgo de sufrir un robo o encontrarse con situaciones de peligro.

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Los túneles fueron construidos hace siglos para controlar las inundaciones y hoy forman parte del patrimonio e identidad de Guanajuato. Son una imagen que se presume ante miles de turistas nacionales y extranjeros, pero vecinos consideran que no basta con promoverlos como atractivo turístico si quienes los recorren diariamente no cuentan con condiciones mínimas de seguridad y mantenimiento.

Los ciudadanos coinciden en que es momento de rescatar estos espacios históricos con acciones reales: más vigilancia, iluminación eficiente, mantenimiento constante, reparación de la infraestructura y sistemas de auxilio que permitan responder ante cualquier emergencia. Porque un símbolo de Guanajuato no debería convertirse en un foco de delincuencia ni en un lugar donde la ayuda simplemente no puede llegar.

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Ciudad

El hombre que convirtió a Guanajuato en canción: el legado inmortal de “Chucho” Elizarrarás.

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Cada 26 de junio, Guanajuato recuerda el nacimiento de uno de sus hijos más ilustres: Jesús “Chucho” Elizarrarás Farías, compositor, promotor cultural y productor radiofónico que inmortalizó el amor por su tierra con la emblemática Tierra de mis amores, obra que con el paso de los años se convirtió en el himno oficial de la capital del estado. Nacido en 1908 en la histórica Casa del Balcón Largo, en el barrio de Mexiamora, el artista dejó una huella imborrable en la identidad de generaciones de guanajuatenses.

La historia detrás de su composición más famosa es tan entrañable como la propia melodía. En 1928, iluminado únicamente por la luz de una vela, “Chucho” escribió Tierra de mis amores como un regalo para su madre y como un homenaje a la nostalgia que sentía por dejar su ciudad natal. Sus versos, que describen la belleza de Guanajuato “entre sierras y montañas y bajo un cielo azul”, conquistaron el corazón de miles de personas hasta que, en 1955, un decreto oficial la reconoció como el himno representativo de la ciudad.

Además de su invaluable aportación musical, Jesús Elizarrarás fue una figura clave de la radio y la televisión mexicana entre las décadas de 1945 y 1960, creador del innovador programa Mi Álbum Musical y autor de obras como Serenata a Guanajuato, Tus ojos cafés, Muchacha de Guanajuato y Par de estrellas. Falleció el 10 de enero de 2005 a los 96 años, y sus cenizas descansan en la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, cumpliendo así el deseo plasmado en su canción: encontrar en su tierra “un rinconcito donde descansar en él”. Su voz se apagó, pero su legado continúa resonando cada vez que Guanajuato canta con orgullo su himno.

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Ciudad

El secreto del Cisne de Plata: la obra maestra del siglo XVIII que dejó de funcionar.

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¿Un cisne que cobra vida? En el Museo Bowes, en Inglaterra, se encuentra una de las maravillas tecnológicas más fascinantes de la historia: el Cisne de Plata. Este autómata de tamaño natural, construido en 1773 por el inventor neerlandés John Joseph Merlin y el londinense James Cox, continúa asombrando al mundo por su extraordinario nivel de detalle.

El dispositivo funciona mediante un mecanismo de relojería e incorpora una caja de música. Al activarse, el cisne parece flotar sobre un arroyo formado por varillas de vidrio giratorias que simulan el movimiento del agua, rodeado de hojas y pequeños peces plateados. Durante una presentación de 32 segundos, el ave mueve la cabeza, se acicala y se inclina para atrapar un pez antes de regresar a su posición original.

Esta joya fue adquirida en 1872 por John Bowes, fundador del museo, a un joyero parisino por 200 libras. Para proteger su delicada maquinaria, el museo lo activaba únicamente una vez al día, de manera estricta a las 2 de la tarde.

Sin embargo, el paso del tiempo y el confinamiento pasaron factura. Tras el cierre del museo entre 2020 y 2021, los expertos descubrieron que el mecanismo de relojería se había agarrotado debido a la falta de uso. Actualmente, la pieza permanece fuera de las exhibiciones diarias mientras es sometida a un riguroso proceso de conservación.

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