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Guanajuato Capital

En el Cantador, una casa vieja y un clásico Jeep congelados en el tiempo

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En Guanajuato capital basta con caminar sin prisa para descubrir que la ciudad aún guarda postales detenidas en el tiempo que, cuando se miran con calma sorprenden, despiertan memoria y desatan nostalgia.

Uno de esos lugares se encuentra en la zona de El Cantador, a un costado del callejón El Ramillete. Allí, la casa marcada con el número 100 parece haberse congelado en otra época.

Su fachada guarda cicatrices del paso de los años: paredes descascaradas que dejan ver ladrillos, adobes y piedra. Manchas de humedad que recorren la superficie, y una puerta doble de madera, gastada, que todavía se defiende con un candado sencillo. Sobre ella, una lámpara antigua, oxidada, permanece colgada como testigo de noches apenas iluminadas, mientras cables eléctricos descubiertos narran la improvisación de décadas pasadas.

En el balcón, la vida insiste. Macetas de distintos tamaños albergan plantas y enredaderas que trepan reclamando espacio, como si la naturaleza quisiera abrazar lo que el hombre dejó en abandono. Un cactus nopal se yergue firme, símbolo de resistencia en medio del deterioro.

Desde allí, la vista revela el paisaje típico de Guanajuato: casas amontonadas en distintos niveles, paredes que se tocan unas con otras, y callejones que serpentean . Esta propiedad está catalogada como inmueble de valor histórico y cultural, un testimonio silencioso de la arquitectura que alguna vez vistió la ciudad.

Y a unos pasos, otro hallazgo refuerza la sensación de que aquí el tiempo se detuvo. Un camión Jeep Willys Wagon Overland Panel, probablemente de finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta, yace abandonado, cubierto por polvo y vegetación.

La “W” plateada en el emblema del cofre lo delata. Su carrocería robusta, aunque oxidada, conserva las líneas firmes que lo hicieron famoso como vehículo de trabajo. Los parabrisas opacos, los guardabarros abollados y la pintura desgastada son huellas del olvido, pero también del carácter indestructible de una máquina que alguna vez recorrió los caminos de terracería y las calles empedradas de Guanajuato.

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Hoy, aquel camión forma parte del paisaje, envuelto entre ramas y hojas, como si la naturaleza lo hubiera adoptado. Su sola presencia evoca otra época: aquella en la que la ciudad vivía al ritmo de motores que hoy son piezas de museo.

El Cantador es más que un jardín. Es un portal donde conviven lo viejo y lo nuevo, lo cotidiano y lo extraordinario. Casas antiguas, objetos olvidados y calles que parecen fotografías vivientes nos recuerdan que, en Guanajuato, el tiempo a veces decide detenerse.

Porque quien camina por estos rincones no solo encuentra paredes descascaradas y vehículos clásicos oxidados… encuentra fragmentos de historia, silencios que hablan, y la certeza de que esta ciudad siempre guarda un secreto más por revelar.

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Guanajuato Capital

¿Sabia usted cuál es el verdadero significado del 14 de febrero?

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Cada 14 de febrero celebramos el Día del Amor y la Amistad, pero pocos conocen su origen. Esta fecha tiene raíces en la antigua Roma, donde se conmemoraba a San Valentín, un sacerdote que, según la tradición, celebraba matrimonios en secreto cuando el emperador Claudio II había prohibido las bodas para los jóvenes soldados.

La historia cuenta que Valentín fue encarcelado y ejecutado un 14 de febrero por desafiar la orden imperial. Con el paso del tiempo, su figura se convirtió en símbolo del amor y la unión, y la fecha evolucionó hasta transformarse en la celebración que hoy conocemos.

Más allá de los regalos, flores y chocolates, el 14 de febrero también es una oportunidad para valorar las amistades, el cariño familiar y el amor propio. No se trata solo de parejas, sino de reconocer los vínculos que nos sostienen todos los días.

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Guanajuato Capital

Peligro en el corazón de la ciudad. Enorme bache amenaza a conductores en la Avenida Juárez

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Un enorme bache ubicado sobre la Avenida Juárez, justo frente a la tienda Telcel en pleno centro de Guanajuato, se ha convertido en un dolor de cabeza para automovilistas y peatones. El desperfecto, que ha ido creciendo con el paso de los días, representa un riesgo constante en una de las zonas con mayor circulación vehicular y comercial de la ciudad.
Conductores denuncian que el hoyo ha provocado daños en neumáticos y suspensiones, además de generar frenazos repentinos que ponen en peligro a quienes transitan por el área. Comerciantes de la zona aseguran que, pese a los reportes realizados a las autoridades municipales, el problema no ha sido atendido, lo que incrementa la molestia y preocupación entre vecinos y visitantes.
La situación resulta aún más alarmante al tratarse de una vialidad céntrica y altamente transitada, donde diariamente circulan turistas y habitantes. Ciudadanos exigen una pronta intervención para evitar accidentes mayores y garantizar la seguridad en una de las arterias principales del corazón capitalino

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Guanajuato Capital

La Plaza de la Paz de Guanajuato capital no siempre se llamó así:

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En la época colonial el espacio era conocido como Plaza Mayor o Plaza Principal, el corazón urbano donde se ubicaban las autoridades civiles y eclesiásticas del entonces Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, rodeada de palacios, casas de familias acaudaladas y la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato. Aquí incluso transitaban personajes como Miguel Hidalgo y Benito Juárez en momentos clave de la historia mexicana.

Fue a finales del siglo XIX cuando la plaza adquirió oficialmente su nombre actual. En 1897 se mandó erigir en el centro un Monumento a la Paz, diseño del escultor mexicano Jesús F. Contreras, hecho de bronce con base de cantera y mármol, para conmemorar el fin de la Guerra de Independencia de México. Esta obra se inauguró el 27 de octubre de 1903 por el entonces presidente Porfirio Díaz, marcando un cambio simbólico en el nombre del lugar hacia Plaza de la Paz.

La escultura representa una figura femenina que simboliza la paz, un homenaje a la culminación de un largo conflicto que llevó a la independencia del país y a la esperanza de estabilidad. La obra costó aproximadamente 27 619.93 pesos en su época, una suma importante para fines del siglo XIX, reflejando el valor que se quería dar a la idea de paz tras años de lucha.

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