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Cultura

Se premia a lo mejor de la artesanía guanajuatense en la Casa de las Artesanías.

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En el marco del XXVI Concurso Estatal por el Premio a la Creatividad, autoridades de cultura y desarrollo económico, municipales, estatales y federales, entregaron reconocimientos a los participantes.

Artesanos de casi todos los municipios   se dieron cita en el emblemático edificio frente a la entrada principal de la Basílica, para también participar en la inauguración de la exposición “Manos que sueñan y crean piezas bellas y únicas”.

Aproveche para visitar está extraordinaria exposición de la cultura popular viva, con piezas de alto valor artístico de distintos materiales como  piedra, cartón, textil o joyería, que desde este viernes 24 de noviembre y hasta el 10 de diciembre podrá ser visitada de forma gratuita por los interesados en apreciar está importante forma de expresión popular.

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Cultura

Sheinbaum anuncia que 2026 será el año de Margarita Maza, la mujer que acompañó la Reforma y el exilio de Juárez

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Durante la conferencia mañanera, la mandataria explicó que este reconocimiento busca rescatar la figura histórica de Maza Parada, frecuentemente reducida a su papel como esposa de Juárez, pese a su destacada participación y sacrificios durante el periodo de Reforma, la guerra interna y la Intervención Francesa.

Sheinbaum señaló que a lo largo del 2026 se promoverá la difusión de la vida y legado de Margarita Maza a través de programas educativos, actividades culturales y contenidos históricos que destaquen su compromiso con el liberalismo y su acompañamiento en las etapas más complejas del México del siglo XIX. La presidenta adelantó que en un futuro también podría dedicarse un año a la mujer afromexicana, por su importancia histórica en regiones como la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero.

Margarita Eustaquia Maza Parada, nacida el 29 de marzo de 1826 en Oaxaca, enfrentó una vida marcada por la lucha política, el exilio y la tragedia familiar, al perder a cinco de sus doce hijos. Considerada por el pueblo como “la madre del pueblo”, Maza fue primera dama entre 1858 y 1872, periodo decisivo para la construcción de las instituciones nacionales. Su muerte, ocurrida el 2 de enero de 1871 tras ser diagnosticada con cáncer, dejó un profundo impacto en la vida de Juárez y en la historia nacional, motivo por el cual el Gobierno de México busca reivindicar su figura en el próximo año.

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Cultura

La Escuela Normal de Guanajuato: un edificio con mucha historia

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Sus raíces se sitúan en 1827, cuando el gobierno estatal emitió un decreto para establecer la primera institución dedicada a la formación de maestros bajo el sistema lancasteriano, un método de enseñanza mutua que buscaba ampliar rápidamente la cobertura educativa en un México independiente que aún definía sus estructuras institucionales. En un contexto de inestabilidad y reconstrucción, el proyecto normalista surgió como respuesta a la necesidad urgente de formar instructores capaces de impulsar la alfabetización y la enseñanza básica.

Durante el siglo XIX, la consolidación del normalismo en Guanajuato estuvo marcada por reformas educativas y por la separación gradual entre la instrucción primaria y la formación especializada de docentes. En 1869, el Congreso estatal decretó la creación de escuelas normales diferenciadas para hombres y mujeres, una decisión influida por modelos pedagógicos europeos y por la creciente demanda social de maestros formados de manera sistemática.

Para 1875, la primera sede formal de la Normal en la capital permitió organizar de manera estable sus actividades, estructurar programas de estudio y establecer una biblioteca y un archivo que fortalecieron su identidad académica. En estos años, la Normal no solo preparó educadores: también se convirtió en un espacio de debate pedagógico en el que se discutían ideas modernas de enseñanza, civismo y formación moral.

El inicio del siglo XX fue un periodo clave para la institución. En 1910, coincidiendo con el estallido de la Revolución Mexicana, comenzó la construcción del edificio que hoy ocupa la Normal. La obra, dirigida por el ingeniero Salvador Madrazo, avanzó durante casi dos décadas en medio de conflictos armados, cambios de gobierno y crisis económicas, hasta completarse en 1929. Esta consolidación arquitectónica ocurrió paralelamente a la redefinición del sistema educativo nacional impulsada por el movimiento revolucionario, que ponía especial énfasis en la educación pública, laica y gratuita. En ese ambiente, la Normal de Guanajuato reforzó su papel como centro formador de maestros comprometidos con la reconstrucción del país.

Durante la década de 1950, el Estado destinó formalmente el edificio a la Escuela Normal, reconociendo su importancia histórica y social. La institución se mantuvo en operación continua, adaptándose a las nuevas políticas educativas que buscaban profesionalizar y dignificar la labor docente. Ya en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y con los proyectos de desarrollo del México moderno, la Normal se integró a programas nacionales para expandir la educación básica en zonas rurales y urbanas, enviando generaciones de maestros a diversas regiones de Guanajuato.

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La transformación más profunda llegó en 1984, cuando la iniciativa federal de elevar la formación docente al nivel de educación superior tuvo eco en la Normal de Guanajuato. Desde entonces, la institución ha ofrecido licenciaturas especializadas, alineadas con estándares pedagógicos contemporáneos y enfoques académicos más rigurosos. Este cambio consolidó su papel como centro de educación superior, manteniendo su vocación formadora pero ampliando su impacto institucional.

Hoy, la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Oficial de Guanajuato combina casi dos siglos de historia con desafíos actuales: formar docentes en un entorno social complejo, preservar su patrimonio histórico y mantener viva una tradición educativa que comenzó en los primeros años del México independiente. Su trayectoria la convierte en una pieza fundamental del devenir educativo de Guanajuato y en una institución clave para entender la historia de la enseñanza en la región

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Cultura

Mina de Cata: un recuerdo minero de Guanajuato

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La Mina de San Nicolás de Cata, conocida simplemente como la Mina de Cata, es uno de los enclaves más representativos del antiguo distrito minero de Guanajuato. Ubicada en la zona tradicional de Cata, sobre el camino panorámico hacia Santa Ana, este yacimiento formó parte del complejo sistema de minas que dieron fama mundial a la ciudad desde la época colonial.

Su historia se remonta al siglo XVI, cuando los primeros españoles que exploraron la región identificaron vetas ricas en plata y otros minerales. Durante el siglo XVII comenzaron las primeras obras formales de extracción, pero fue en el siglo XVIII cuando Cata alcanzó un periodo de notable prosperidad. En esa época, la mina se integró a la red de explotaciones que hicieron de Guanajuato uno de los principales productores de plata de la Nueva España, rivalizando con centros como Zacatecas y Taxco.

Las inversiones de familias adineradas y propietarios mineros dieron lugar a una expansión considerable de las galerías y tiros. También surgieron instalaciones anexas como haciendas de beneficio y casas para trabajadores. La presencia del cercano Templo del Señor de Villaseca, impulsado por mineros prominentes del periodo, evidencia la estrecha relación entre fe, riqueza y actividad extractiva. La vida del barrio de Cata se organizó en torno a estos ciclos de bonanza, que atrajeron mano de obra, comerciantes y artesanos, contribuyendo al crecimiento urbano de Guanajuato.

A lo largo del siglo XIX, la mina enfrentó etapas de inestabilidad. Las inundaciones fueron uno de los principales problemas que afectaron a Cata y a varias minas de la región, pues los tiros alcanzaban profundidades significativas y requerían sistemas de desagüe costosos y complejos. Además, las guerras internas del México independiente, incluidas las luchas de la Independencia y posteriormente de la Reforma, interrumpieron actividades mineras y afectaron la maquinaria y las instalaciones.

En el Porfiriato, como ocurrió con muchas minas del país, hubo intentos de modernización impulsados por capital extranjero y tecnología más avanzada, aunque en Cata estos esfuerzos no lograron consolidar un resurgimiento permanente. A lo largo del siglo XX, la actividad de la mina disminuyó hasta detenerse casi por completo, quedando abandonada o en explotación mínima en periodos aislados.

Hoy, la Mina de Cata permanece como un vestigio de la era que definió a Guanajuato como una de las ciudades mineras más importantes del continente. Sus restos arquitectónicos, su traza y su entorno reflejan varios siglos de historia marcada por la riqueza, el trabajo subterráneo, los riesgos propios de la minería y la construcción de una identidad comunitaria. Aunque su función productiva cesó, el sitio forma parte del patrimonio cultural de la ciudad y continúa siendo punto de interés para investigadores, turistas y autoridades preocupadas por el manejo de antiguos jales y otros elementos ambientales derivados de su pasado minero.

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La permanencia de Cata en la memoria histórica de Guanajuato la convierte en un recordatorio de cómo la minería moldeó el paisaje, la economía y la vida social de la región, dejando una huella que perdura hasta nuestros días.

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