Cultura
Mina de Cata: un recuerdo minero de Guanajuato
La Mina de San Nicolás de Cata, conocida simplemente como la Mina de Cata, es uno de los enclaves más representativos del antiguo distrito minero de Guanajuato. Ubicada en la zona tradicional de Cata, sobre el camino panorámico hacia Santa Ana, este yacimiento formó parte del complejo sistema de minas que dieron fama mundial a la ciudad desde la época colonial.
Su historia se remonta al siglo XVI, cuando los primeros españoles que exploraron la región identificaron vetas ricas en plata y otros minerales. Durante el siglo XVII comenzaron las primeras obras formales de extracción, pero fue en el siglo XVIII cuando Cata alcanzó un periodo de notable prosperidad. En esa época, la mina se integró a la red de explotaciones que hicieron de Guanajuato uno de los principales productores de plata de la Nueva España, rivalizando con centros como Zacatecas y Taxco.
Las inversiones de familias adineradas y propietarios mineros dieron lugar a una expansión considerable de las galerías y tiros. También surgieron instalaciones anexas como haciendas de beneficio y casas para trabajadores. La presencia del cercano Templo del Señor de Villaseca, impulsado por mineros prominentes del periodo, evidencia la estrecha relación entre fe, riqueza y actividad extractiva. La vida del barrio de Cata se organizó en torno a estos ciclos de bonanza, que atrajeron mano de obra, comerciantes y artesanos, contribuyendo al crecimiento urbano de Guanajuato.
A lo largo del siglo XIX, la mina enfrentó etapas de inestabilidad. Las inundaciones fueron uno de los principales problemas que afectaron a Cata y a varias minas de la región, pues los tiros alcanzaban profundidades significativas y requerían sistemas de desagüe costosos y complejos. Además, las guerras internas del México independiente, incluidas las luchas de la Independencia y posteriormente de la Reforma, interrumpieron actividades mineras y afectaron la maquinaria y las instalaciones.

En el Porfiriato, como ocurrió con muchas minas del país, hubo intentos de modernización impulsados por capital extranjero y tecnología más avanzada, aunque en Cata estos esfuerzos no lograron consolidar un resurgimiento permanente. A lo largo del siglo XX, la actividad de la mina disminuyó hasta detenerse casi por completo, quedando abandonada o en explotación mínima en periodos aislados.
Hoy, la Mina de Cata permanece como un vestigio de la era que definió a Guanajuato como una de las ciudades mineras más importantes del continente. Sus restos arquitectónicos, su traza y su entorno reflejan varios siglos de historia marcada por la riqueza, el trabajo subterráneo, los riesgos propios de la minería y la construcción de una identidad comunitaria. Aunque su función productiva cesó, el sitio forma parte del patrimonio cultural de la ciudad y continúa siendo punto de interés para investigadores, turistas y autoridades preocupadas por el manejo de antiguos jales y otros elementos ambientales derivados de su pasado minero.
La permanencia de Cata en la memoria histórica de Guanajuato la convierte en un recordatorio de cómo la minería moldeó el paisaje, la economía y la vida social de la región, dejando una huella que perdura hasta nuestros días.
Cultura
“Iconoclasia feminista: las pintas que buscan ser escuchadas”
Cada año, durante el Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres toman las calles para exigir justicia y visibilizar la violencia de género. En ese contexto, las pintas y rayones en monumentos forman parte de lo que especialistas llaman Iconoclasia feminista (se pronuncia i-co-no-clásia). Este concepto se refiere a la intervención de símbolos públicos como forma de protesta, no desde la destrucción gratuita, sino como un acto cargado de significado social y político.


Para muchas manifestantes, estos actos representan una ruptura con las formas tradicionales de protesta que no han dado resultados. Las pintas suelen incluir nombres de víctimas, denuncias y consignas que buscan incomodar a la sociedad para obligarla a mirar una realidad que ha sido ignorada. Los monumentos, al representar poder, historia y autoridad, se convierten en el blanco de estas intervenciones, no por lo que son físicamente, sino por lo que simbolizan dentro de un sistema que, desde su perspectiva, ha fallado en protegerlas.

Expertos en temas sociales coinciden en que la iconoclasia feminista es una forma de protesta simbólica que busca generar conversación y presión social. Aunque el debate sobre si es válida o no sigue abierto, estas acciones han logrado posicionar el tema de la violencia contra las mujeres en la agenda pública. Más allá de la polémica, entender su significado permite ver que detrás de cada pinta no hay solo daño material, sino un mensaje urgente que exige ser escuchado.
Cultura
De cine a sinfónica. La UG llena Guanajuato de cultura
La Universidad de Guanajuato transformará sus espacios en verdaderos epicentros culturales del 2 al 8 de marzo, con una intensa agenda artística y académica que va del cine independiente al estreno sinfónico mundial. A través de su programación institucional, la máxima casa de estudios ofrecerá conciertos, proyecciones, conferencias, exposiciones y presentaciones escénicas que fortalecen la formación integral de su comunidad y su vínculo con la sociedad guanajuatense.
La semana arrancará con cine en línea del Cine Club UG, disponible las 24 horas, con las proyecciones de La camarista y El viaje de Paty. En el Auditorio “Euquerio Guerrero” continuará el XXI Festival Internacional de Cine de Horror “Aurora”, además de la Muestra de Cine de Realizadoras Indígenas. Destacan también la charla científica sobre microalgas en el Museo de la UG, el concierto-conferencia “Musica ricercata”, actividades académicas en el Campus León y el Club de intercambio de idiomas en la Casa “El Nigromante”, consolidando una oferta diversa que integra ciencia, arte y reflexión.
El cierre de la semana estará marcado por eventos de alto impacto cultural: el conversatorio “Mujeres, creatividad y acción” en el Teatro Principal, la gala musical “Música en relato, voces en alto” y la puesta en escena Hombres en la mina en la Mina “El Nopal”. El viernes 6 de marzo, el Teatro Principal será sede del concierto sinfónico “Ríos de esperanza”, bajo la dirección de Grace Echauri y con la participación de la saxofonista María Elena Ríos, donde se estrenará mundialmente la obra homónima de Leticia Armijo. Con esta programación, la UG reafirma su compromiso de mantener vivos sus espacios como foros abiertos al arte, la memoria y la expresión colectiva.
Cultura
Estudiantinas: folclor guanajuatense
Las estudiantinas forman parte esencial del paisaje cultural de Guanajuato capital y representan una de las tradiciones folclóricas más reconocidas de la ciudad
Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XX cuando estudiantes universitarios, influenciados por agrupaciones musicales españolas, comenzaron a reunirse para interpretar canciones populares en espacios públicos. Estas primeras expresiones surgieron de manera informal, como una actividad recreativa ligada a la vida académica y al espíritu bohemio que caracterizaba a la ciudad.
Con el paso del tiempo, las estudiantinas dejaron de ser encuentros espontáneos entre estudiantes para consolidarse como agrupaciones organizadas. La vestimenta, inspirada en la indumentaria medieval europea, se volvió un elemento distintivo, al igual que el repertorio musical, que fue ampliándose para incluir sones, boleros y piezas tradicionales latinoamericanas. Esta evolución permitió que la tradición se adaptara a nuevos públicos sin perder su vínculo con el entorno universitario y con la historia urbana de Guanajuato.
Actualmente, las estudiantinas se desarrollan principalmente a través de las llamadas callejoneadas: recorridos musicales por los estrechos callejones del centro histórico. Durante estas presentaciones, los músicos entonan canciones, recitan versos picarescos y narran anécdotas que aluden a la ciudad, a su pasado minero y a la vida cotidiana.

El carácter folclórico de las estudiantinas guanajuatenses radica en su arraigo social y en su función como expresión colectiva transmitida de generación en generación. Más allá de su origen extranjero, la tradición fue apropiada y transformada por la comunidad local, integrándose al imaginario cultural de la ciudad. Esta adaptación la convirtió en un símbolo identitario que refleja el ambiente festivo, universitario y histórico de Guanajuato capital.
Su popularidad entre los turistas se explica por la combinación de música, arquitectura y convivencia que ofrecen las callejoneadas. Al desarrollarse en espacios emblemáticos del centro histórico, las estudiantinas permiten a los visitantes conocer la ciudad a través de una experiencia sensorial y participativa. De esta manera, la tradición no solo se mantiene vigente, sino que continúa renovándose como uno de los principales atractivos culturales de Guanajuato.
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