Guanajuato Capital
Apenas parece un cuento aquel silbido de los trenes, ya no se escucha entre los cerros color ocre de Guanajuato
Sin embargo, hubo un tiempo en que los rieles atravesaban los corazones de la ciudad, que conectaba al resto del país con el vaivén constante del ferrocarril.
Las memorias de un medio de transporte que marcó una época de auge industrial, movimiento comercial y desarrollo urbano. Hoy luce de este modo.
El recuerdo de una ciudad entre montañas y trenes
Debido a su geografía complicada.
Guanajuato capital nunca fue el sitio más sencillo para el paso del ferrocarril. Se dice que el traslado era súper lento.
Pero a finales del siglo XIX y principios del XX, el auge minero y la necesidad de transporte eficiente impulsaron la construcción de líneas férreas en las cercanías.
Estas instalaciones impulsadas por el presidente Porfirio Díaz, quien impulsó fuertemente la expansión del ferrocarril en todo el país como símbolo de modernidad y desarrollo económico.
Bajo su mandato se construyeron miles de kilómetros de vías férreas. La intención era conectar centros mineros, agrícolas e industriales con los puertos y ciudades más importantes.
Guanajuato, siendo un importante centro minero, era estratégico.Si bien la estación principal no se ubicaba directamente en el corazón del centro histórico, el tren llegaba a puntos estratégicos como Marfil y Pozuelos, desde donde se distribuían mercancías y personas hacia el interior de la ciudad.
La estación de Marfil, por ejemplo, fue un punto crucial. Aunque pequeña, su papel fue fundamental en la conexión con León, Silao e incluso con el puerto de Veracruz, abriendo rutas para la exportación de minerales como la plata.
Años después, con la llegada de la carretera Panamericana y el auge del transporte por camión, el tren comenzó a perder fuerza.
El ferrocarril como símbolo cultural
Más allá de lo económico, el tren tuvo un profundo impacto cultural.
Fue un símbolo de modernidad, pero también de despedidas y encuentros. Las familias esperaban noticias junto a las vías; los niños saludaban a los maquinistas desde los cerros.
En la memoria colectiva de los guanajuatenses mayores aún persiste ese sonido grave del tren anunciando su llegada.
En eventos especiales, como las fiestas patrias o las visitas presidenciales, el tren era un elemento central.
Transportaba autoridades, artistas, e incluso migrantes que, buscando una mejor vida, comenzaban su viaje rumbo al norte desde estas vías modestas.
¿Y hoy? Rieles oxidados y proyectos olvidados
Actualmente, los vestigios del tren en Guanajuato capital son más arqueología urbana que infraestructura viva. Un pequeño rastro de historia.
Algunos tramos de vía han sido levantados o sepultados por obras públicas. Las antiguas estaciones han sido transformadas o simplemente abandonadas.
Los trenes en Guanajuato capital no fueron solo un medio de transporte, sino parte del alma de una ciudad que aprendió a moverse entre túneles, pendientes y caminos imposibles.
Aunque ya no circulen locomotoras por sus rieles, su legado sigue presente en la memoria de quienes vieron partir y llegar historias sobre ruedas.
Ciudad
¡Los túneles de Guanajuato se convierten en zona de riesgo!, vecinos exigen más seguridad y rescate de estos espacios.
Guanajuato, Gto.- Los túneles de Guanajuato, orgullo arquitectónico y uno de los principales atractivos turísticos de la capital, hoy también son señalados por ciudadanos como espacios inseguros donde la delincuencia, el deterioro y la falta de vigilancia generan preocupación entre quienes los utilizan todos los días.
Los llamados “cristalazos” se han vuelto una constante en distintos puntos de la red de túneles, especialmente en el Ponciano Aguilar, donde automovilistas denuncian robos a vehículos estacionados pese a la instalación de cámaras y alumbrado. Los afectados aseguran que la vigilancia es prácticamente inexistente y que los delincuentes aprovechan la escasa presencia policial para actuar con rapidez.
Sin embargo, el problema no termina ahí. Habitantes advierten que varios túneles presentan iluminación deficiente, zonas completamente oscuras, humedad, grafitis, basura acumulada y coladeras en mal estado que representan un riesgo tanto para automovilistas como para peatones. A esto se suma la presencia frecuente de personas en situación de calle o individuos consumiendo sustancias, lo que incrementa la sensación de inseguridad.
La preocupación aumenta porque, dentro de los túneles, la señal de telefonía celular suele perderse en distintos tramos. En caso de una emergencia, un asalto o un accidente, pedir ayuda puede resultar prácticamente imposible. Ciudadanos consideran que estos espacios deberían contar con botones de emergencia, vigilancia permanente y recorridos constantes de elementos de seguridad para brindar una respuesta inmediata.
Paradójicamente, cientos de capitalinos utilizan diariamente los túneles como alternativa de estacionamiento debido a la falta de espacios en el Centro Histórico. Lo que debería ser una solución para la movilidad termina convirtiéndose en una preocupación constante por el riesgo de sufrir un robo o encontrarse con situaciones de peligro.
Los túneles fueron construidos hace siglos para controlar las inundaciones y hoy forman parte del patrimonio e identidad de Guanajuato. Son una imagen que se presume ante miles de turistas nacionales y extranjeros, pero vecinos consideran que no basta con promoverlos como atractivo turístico si quienes los recorren diariamente no cuentan con condiciones mínimas de seguridad y mantenimiento.
Los ciudadanos coinciden en que es momento de rescatar estos espacios históricos con acciones reales: más vigilancia, iluminación eficiente, mantenimiento constante, reparación de la infraestructura y sistemas de auxilio que permitan responder ante cualquier emergencia. Porque un símbolo de Guanajuato no debería convertirse en un foco de delincuencia ni en un lugar donde la ayuda simplemente no puede llegar.
Ciudad
El hombre que convirtió a Guanajuato en canción: el legado inmortal de “Chucho” Elizarrarás.
Cada 26 de junio, Guanajuato recuerda el nacimiento de uno de sus hijos más ilustres: Jesús “Chucho” Elizarrarás Farías, compositor, promotor cultural y productor radiofónico que inmortalizó el amor por su tierra con la emblemática Tierra de mis amores, obra que con el paso de los años se convirtió en el himno oficial de la capital del estado. Nacido en 1908 en la histórica Casa del Balcón Largo, en el barrio de Mexiamora, el artista dejó una huella imborrable en la identidad de generaciones de guanajuatenses.
La historia detrás de su composición más famosa es tan entrañable como la propia melodía. En 1928, iluminado únicamente por la luz de una vela, “Chucho” escribió Tierra de mis amores como un regalo para su madre y como un homenaje a la nostalgia que sentía por dejar su ciudad natal. Sus versos, que describen la belleza de Guanajuato “entre sierras y montañas y bajo un cielo azul”, conquistaron el corazón de miles de personas hasta que, en 1955, un decreto oficial la reconoció como el himno representativo de la ciudad.
Además de su invaluable aportación musical, Jesús Elizarrarás fue una figura clave de la radio y la televisión mexicana entre las décadas de 1945 y 1960, creador del innovador programa Mi Álbum Musical y autor de obras como Serenata a Guanajuato, Tus ojos cafés, Muchacha de Guanajuato y Par de estrellas. Falleció el 10 de enero de 2005 a los 96 años, y sus cenizas descansan en la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, cumpliendo así el deseo plasmado en su canción: encontrar en su tierra “un rinconcito donde descansar en él”. Su voz se apagó, pero su legado continúa resonando cada vez que Guanajuato canta con orgullo su himno.
Ciudad
José López Aguilar, el hombre que marcó el tiempo de Guanajuato y hoy descansa en Santa Paula.
Entre los pasillos llenos de historia del Panteón de Santa Paula se encuentra la tumba de José López Aguilar, uno de los personajes más emblemáticos y recordados de Guanajuato Capital. Aunque muchos visitantes pasan cerca de su sepulcro sin conocer su legado, su obra continúa presente todos los días en distintos puntos de la ciudad, marcando las horas y acompañando la vida cotidiana de miles de personas.
José López Aguilar fue un destacado relojero cuya habilidad y dedicación quedaron plasmadas en varios de los relojes más importantes de Guanajuato. Su firma característica puede encontrarse en relojes instalados en templos e iglesias de la capital del estado, convirtiéndose en un sello de calidad y precisión que ha resistido el paso de las décadas. Cada campanada es un recordatorio del trabajo de este artesano que dejó huella en la historia local.
Entre sus obras más reconocidas destaca el reloj del Mercado Hidalgo, uno de los símbolos más representativos de la ciudad. Sin embargo, su talento trascendió las fronteras de Guanajuato Capital, ya que también existen relojes elaborados por él en municipios como Irapuato. Hoy, mientras sus creaciones siguen marcando el tiempo, José López Aguilar descansa en Santa Paula, donde su legado permanece vivo como parte invaluable del patrimonio e identidad de Guanajuato.
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