El fantasma del incremento a la tarifa del transporte urbano sigue estando presente, y hasta parece que lo van a lograr porque prometer no empobrece. Lo que no está presente y brilla por su ausencia, son las mejoras al servicio, porque en vez de mejorar empeora.

Ya conocemos el argumento de que no hay dinero para las nuevas unidades, que los señores empresarios buscan créditos, se hacen las víctimas cuando fueron más que consentidos en otras administraciones donde el pésimo trato y servicio se lo pasaron a la ciudadanía junto con los incrementos fundamentados en obvias mentiras.

Los horarios no se respetan, las unidades son un riesgo para los usuarios, algunas son chatarra, no son suficientes, los estudiantes siguen llegando tarde y ven cómo pasan los camiones a tope mientras los minutos avanzan rumbo a perder derecho por retardos.

La movilidad de una familia es un peso económico insostenible como para que otra vez prometan y no cumplan, así como nos tienen acostumbrados. El fantasma de otro zarpazo al bolsillo de las familias capitalinas ronda los 2 pesos extras por cada pasajero, por cada traslado.

Es una cuestión de aritmética: una familia de 4 gasta 28 pesos por cada traslado, considerando que sean dos al día, ya son 56 pesos. Cuando apliquen la de 9 pesos, esa familia gastará 72 pesos mientras tiene que escuchar las promesas y padecer el servicio.

 

Deneck Inzunza.

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