A lo largo del desarrollo de la pandemia de covid, hemos visto cómo ha salido a relucir la maldad, ignorancia, las culturas del miedo, muerte y estigma para los que salen infectados. No es algo nuevo en la historia de la humanidad; siempre se ha discriminado al estigmatizado por alguna enfermedad, discapacidad o malformación.

Con el covid-19 no ha sido diferente, a los enfermos comenzaron a agredirlos, a exigir que desalojaran sus viviendas, insultaban a familiares, incluso apedrearon domicilios donde los pacientes guardaban reposo. La ignorancia y el desprecio por los demás, la negación del prójimo, ha sido la constante no sólo contra los infectados, sino contra el personal de salud.

Noticias terribles, como cuando le prendieron fuego al vehículo y casa de una doctora tratante de enfermos con covid, y de ahí a los casos donde les aventaban cloro y les negaban el servicio de transporte. Enfermos, médicos, enfermeras luchando contra el coronavirus en un frente de batalla y con la estupidez y maldad de la gente poe el otro, qué grave guerra.

La enfermedad avanza, lo que pronostica que se irá imponiendo la realidad, sin embargo, el ser humano en sociedad ha sido capaz de ir en contra de su evolución, por lo que también existe la probabilidad de que la discriminación violenta hacia estos sectores sociales se radicalice.

Y mientras el pueblo bueno y sabio le quema la casa a una doctora o echa cloro sobre el rostro y ropa de una enfermera o apedrea la casa del vecino que fue a hacerse la prueba, los grandes grupos de poder y control económico, se lamen los bigotes al ver que la sociedad está más corrompida y dividida que nunca.

Sálvese quien pueda.

Deneck Inzunza.

 

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