Este día, primero de noviembre, comienzan a llegar los muertos de visita con los vivos. Hoy le toca a los niños difuntos. Los panteones han comenzado a llenarse de colores y aromas, de manos a la obra con escaleras, agua en botes, flores, fritangas y el recuerdo vivo, ardiente, con fuego de no me olvides, que la muerte llega cuando llega el olvido.

El panteón de Santa Paula ha comenzado a recibir a decenas, si no es que cientos de personas que van al tradicional encuentro entre el más allá y el más acá. En unos minutos u horas de visita se han vuelto a vivir todos los ayeres, todas las vidas, todas las emociones.

El recuerdo, extrañarlos, unas lágrimas, ellos tan allá en quién sabe dónde, y nosotros tan acá en esta prisión de huesos y carne que va a terminar igual que los que se adelantaron en esta espiral de tiempos y espacios.

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