El nombre de los callejones de Guanajuato se remonta al imaginario popular, a la leyenda, al simbolismo urbano práctico. Sin embargo, ni siquiera las personas que tienen 30, 35, 40 años viviendo en esos lugares saben con exactitud el significado o por qué tienen esos nombres.

Debido a esta característica comunicativa donde el nombre del callejón ha perdido su significado concreto, el origen, queda entonces abierto a la interpretación, a la leyenda, al pensamiento mágico, a lo que los guanajuatenses traemos en la cabeza y en la historia colectiva.

Los nombres de las calles y callejones de Guanajuato tienen su origen en un rasgo social específico; las leyendas, la tradición, la vida práctica va nombrando los lugares donde confluyen los habitantes y hacen sus vidas, por lo que son dinámicos.

Las actividades cotidianas, mezcladas con cada una de las maneras de pensar, crean realidades que son aceptadas tácitamente por el pueblo, entonces la sociedad va aceptando nombres y significados con un origen común que se va transformando.

Fue el Intendente Juan Antonio de Riaño y Bárcena quien comenzó la nomenclatura citadina, pero fue pulida por Lucio Marmolejo.

El origen de los nombres de los callejones responden también a los imaginarios populares y el pensamiento mágico, sin embargo es difícil precisar el origen porque no hay registro preciso y la tradición oral se va perdiendo o se va modificando con el paso de los años, décadas y siglos.

En guanajuatense podrá verse sumergido en una atmósfera de leyenda y misterio al escuchar los nombres, por ejemplo, del callejón del Infierno, cuya denominación viene la historia de los músicos que tocaron en una fiesta en el mismísimo infierno; del Beso, una tragedia llevaba a historia de amor; el callejón de La Buena Muerte y su leyenda de entrega y amor de una anciana para proteger a su nieto; pero hay otros en los que sólo podemos imaginarnos el origen, Cabecita, Juego de Pelota, El Boliche, El Resbalón, de las Ánimas, Cuatro Vientos, El Chilito, Perros Muertos, Caño Puerco, y otros 3 mil callejones, cada uno con su microcosmos.

 

Deneck Inzunza.

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