Las leyes para la conservación de vestigios arqueológicos se aplican de manera discrecional, a contentillo de un político que se siente dueño de Guanajuato y da los vistos buenos, como al empresario de la tienda que se construye junto al antiguo cine Reforma donde se encontraron y taparon vestigios

No hay piso parejo para los inversionistas en la capital, mientras a unos, como los de la plaza comercial del Cantador, los hicieron rescatar los vestigios arqueológicos que se encontraron, a otros, como a los que construyen la tienda Woolworth a un lado del antiguo cine Reforma no se les ha exigido que respeten la acequia, que, dicho sea de paso, es de la misma época que el arquel del cantador.

Es notoria la desatención por parte del INAH y el municipio, por ahí algo huele mal, porque ambas instancias estuvieron sobre el empresario de la plaza comercial del Cantador y en este caso brillan por su ausencia. Un inversionista castigado y otro apapachado. Unos vestigios tienen un valor y otros no lo tienen, así nomás, todo discrecional, a conveniencia.

La obra avanza y se puede observar que los vestigios están sólo tapados a medias por bolsas de plástico. Una vez colocada la estructura metálica significa que todo lo que no se sacó ya quedó enterrado en los cimientos que debe tener la construcción que soportará 4 pisos.

Los tratos desiguales responden al contentillo de un político que se cree dueño de Guanajuato después de su chapulineo de cargo en cargo durante casi 30 años. Da los vistos buenos, hay que besarle la mano para contar con su bendición.

Los empresarios que se la rifan a venir a invertir en la ciudad, se encuentran con las viejas usanzas de los padrinazgos, así como los narraba Jorge Ibargüengoitia, sólo que modernos, pero la caricatura se dibuja sola. El inversionista se tiene que alinear para obtener los favores necesarios para que pueda trabajar, aunque una acequia de cantera se atravieses en el camino.

 

Deneck Inzunza.

 

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