Los estudiantes son quienes estarán tomando las decisiones que impacten a la sociedad en breve, sin embargo, se saben indefensos ante un sistema que los calla, amenaza y los endeuda en todo sentido hacia el futuro. No confían en las autoridades ni en la libertad de expresión ni que las cosas estén mejor que el 2 de octubre de 1968, cuando la matanza de estudiantes en Tlatelolco. Consideran que si se expresan pueden tener represalias.

Tampoco confían en los planes de estudio y maestros que los convierten en profesionistas codiciosos sin escrúpulos, porque dicen que así la sociedad seguirá para mal, en una profunda crisis de valores individuales y sociales. Sería mejor que los catedráticos fueran humanos y honestos en vez de tener doctorados.

Condenan la inseguridad y se muestra aterrados de que la propia policía viole y solicite otra matanza de estudiantes como está pasando en Celaya, donde ya van dos días de manifestaciones por la ingobernabilidad y el asesinato de un estudiante a manos de la delincuencia.

 

Deneck Inzunza.

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