A pedazos se caen las fachadas del centro histórico de la ciudad, en donde la fatalidad no distingue entre edificios públicos y privados, pues la imagen urbana de la capital ha decaído en general y no se detendrá, puesto que el deterioro y daños derivados de la falta de mantenimiento, se agravarán con la llegada de las lluvias, que vienen a reblandecer y deslavar los aplanados y la pintura ya de por sí cuarteada y decaída.

Es lamentable el desinterés que prevalece en los capitalinos en este problema, puesto que la costumbre de ver una imagen desgastada de nuestra ciudad, nos ha hecho insensibles a la impresión que pueda tener la gran cantidad de visitantes nacionales e internacionales que sostienen el turismo de Guanajuato.

Y no solo es el tema arquitectónico y deterioro de los inmuebles, sino del tan sonado problema del manejo de la basura, que sin censura alguna, se encuentra a la vuelta de cada esquina.

Si queremos remontar a Guanajuato como la ciudad turística que fue en otros tiempos, y que sin duda tiene el potencial para serlo, es fundamental que la imagen, que es el primer impacto sensorial que reciben los turistas, sea impecable.

Por tanto la responsabilidad y la línea de acciones que deberán realizarse, serán compartidas, puesto que el colorido y la imagen de nuestra capital, depende de que cada uno de nosotros contribuyamos en lo propio, con nuestro granito de arena, restaurando la imagen de nuestros edificios, para el beneficio de todos.

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